sábado, 21 de marzo de 2009

2/Cartas de Patricio: La iglesia

En Tagaste, provincia de la Numidia,
en antevísperas de los idus de febrero,
año MCXXIV a.u.c.



Amado hijo Agustín, te saluda tu padre.

Pocas novedades han sucedido desde mi última carta. Mi salud se encuentra en una mejoría, que si bien no abriga demasiadas esperanzas de curación, me permite algunas libertades. Lejos ha quedado para mí la vida pública, las mañanas en las termas y las tardes de tertulia en la taberna, nuestro pequeño foro. Pocos son los que ahora me visitan y los que vienen lo hacen cargados de quejas por la marcha de la nueva administración, que pretenden yo tomaré por halagos.

Los días se han alargado y los paso la mayor parte en la pequeña exedra, dedicado a la lectura, entre un desorden de rollos extendidos que pretenden fingir una actividad ausente. También dedico algo a cuidar el pequeño jardín del peristilo y a veces me atrevo hasta la huerta del fondo, con la velada intención de amigarme con los cipreses.


Los otros días, de todos modos, hice una salida, gracias a que me he sentido mejor. Fui al templo cristiano que recibía la visita del obispo primado de la Numidia. Me pareció una buena ocasión para conocer el ámbito donde se da culto al Dios de mi fe recientemente adquirida. Nunca antes había entrado, por razones de decoro y también para no llevar la confusión a los vecinos. Siempre fui de la idea que un funcionario público debía ser cuidadoso.

Confieso que me disgustaba también el espectáculo lamentable de esa reunión de hombres indignos que agolpan sus miserias en el atrio. No llego del todo a comprender la atracción que provoca en la iglesia esa corte indigna de tullidos y pordioseros que gimen en sus pórticos. Una especie de masa informe que quita toda dignidad a los misterios que allí se celebran. Recuerdo la admonición de Séneca a su discípulo: “¿Qué piensas que debes tratar de evitar sobre todas las cosas? La turba”.

Lo cierto es que la experiencia me llenó de una extrañeza que días después todavía no me abandona. En el interior llamó mi atención la amplia concurrencia de mujeres que, separadas de los hombres en uno de los lados de la nave, participan activamente de la ceremonia. Una participación que no se limita al culto, sino que abarca siempre más espacio dentro de la vida de la iglesia. Me comentan incluso que algunas viudas ricas son verdadero sostenes de muchos obispos.

El resto de los fieles concurre sin establecerse entre ellos, al menos a primera vista, mayores diferencias. Todo está confundido y sólo un agudo observador puede distinguir un patricio del más bajo plebeyo, o un funcionario público de un vendedor del mercado. Lo cual me produjo, al menos a mí, una cierta inquietud. No puedo imaginar el mundo que podrá surgir de un tal desorden.

Otras reflexiones motivaron mi visita, pero lo dejo para otra oportunidad. Ya vacila el aceite de la lámpara y el cálamo perdió su punta. Espero con ansia el relato de tus progresos y de tus días allí. Confío en que los enfrentes con un juicio inspirado.

Que sigas bien.

5 comentarios:

emeygriega dijo...

Es curioso, al mismo tiempo que escribirías ésto tambien yo necesitaba hablar de la turba y de la fe.
Será mi bautizo en la próxima Pascua, será la lectura de Libros Divinos, será la conversación con un taxista jujeño que iba mañana a peregrinar por la Virgen del Corral y cuyo nivel intelectual y espiritual me hizo invitarlo a mi ceremonia.

Muy lindo texto. Un abrazo.

La herida de Paris dijo...

MY, en tiempos en que está de moda la apostasía, un bautismo en edad adulta, en Pascua, a la usanza de la Iglesia primitiva, es una noticia que reconforta.
Saludos.

COCORASTUTI dijo...

Opi:
Muchas gracias por permitir leer estos raros y antiguos textos.
¿Te diste cuenta que la expresión: "con la velada intención de amigarme con los cipreses." debe ser una arcaica metáfora para decir "voy a morirme"..?

A Patricio le molestaba la chusma.
¿Sabes donde existen esos ambientes, (pero sin chusma)? En los templos mormones y de los testigos de Jehová...No sé que experiencias tendrás.

Un asombro a medias el bautismo de Emeygriega.
Me alegra que seas cristiano.

Carlos

P.S.: lo que te dije de "macaneando", un poco ut supra, me refería a si no fueran textos falsos.

La herida de Paris dijo...

Carlos, los textos son totalmente falsos. Un simple juego literario basado en los pocos datos ciertos que Agustín nos dejó de su padre.
Creeeme que no quise engañar a nadia, pensé que se sobreentendería, pero de algún modo me deja tranquilo si a alguien avezado como vos pudo caer en la "trampa".
En cuanto a los cipreses, leí que ya en la antiguedad pagana eran considerados símbolo de la muerte.
Muchos otros datos, también los saqué del ensatyo de Peter Brown que está en "Historias de la vida Privada" y algo del estilo de las cartas lo tomé de las cartas a Luucilo de Séneca, además del siempr providencial Google.
Saludos

COCORASTUTI dijo...

Sí, fuí engañado, pero me siento orgulloso porque tu castellano del siglo III o IV es casi perfecto.

Podrías ya ensayar algún "Quijote" de Pierre Menard.

Hablando en serio, felicitaciones, Opi. No te molestes en contestar esto.