domingo, 22 de agosto de 2010

Malditas torres: 03 / Nínive

La excesiva dimensión de las ciudades fue entendida como un mal desde la Antigüedad. Es conocida la férrea política aplicada por los griegos en este aspecto. Un sistema de tope máximo, superado el cual había que, en sentido literal, “mandarse a mudar”. El exceso fue siempre el gran temor de los helenos y su termómetro para ejercitar la moral. Hasta Dionisio y su desenfreno se limitaba a algunos días.

Dicha preocupación tampoco es ajena a la Biblia, en donde la gran ciudad es generalmente condenada como usina del pecado. Abraham pidió misericordia para evitar la destrucción de Sodoma y Gomorra, y Jonás fue enviado con la siguiente orden: “Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha llegado hasta mí” (Jon 1,2).

La escueta descripción de Nínive es significativa: “era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla” (Jon 3,3). Se introduce aquí la cuestión de la extensión. Esta es también el centro de un intenso debate hoy en día y refiere a cuestiones tan sensibles como la sustentabilidad.


Bajo esta óptica, las malditas torres parecieran ser una solución más que un problema. Desde hace algunos años se estudian las nocivas consecuencias que ha tenido en nuestras metrópolis el enorme crecimiento de las periferias. La tan publicitada vida al “aire libre” tiene consecuencias devastadoras para el ambiente. Los traslados excesivos, con la consecuente emanación de gases tóxicos y el inmenso costo que implica ampliar horizontalmente las redes de servicios, son solamente algunos de los efectos. No hay nada más antiecológico que el verde de los jardines, cuyo verdor demanda enormes cantidades de un recurso escaso como el agua.

Dentro de este horizonte, la concentración aparece provista de una sustentabilidad mayor y si bien es cierto que los problemas de infraestructura existen, no hay duda de que pareciera más factible resolverlos dentro del ámbito urbano que hacer menos densas las ciudades en beneficio de los suburbios. La horizontalidad en este caso es un perjuicio y la altura resulta sorprendentemente benéfica para el planeta.

La participación en nuestras sociedades es uno de los pilares en los que se asienta el sistema democrático. El vecino es el lugar donde el sistema se hace concreto, donde la representación que siempre aleja las cosas se hace carne. Escucharlo, además de una obligación, es un acto de inteligencia, pero también cabe recordar que este siempre expresa una posición particular.

Además, el vecino que en general se escucha es un vecino construido mediáticamente y sospecho poco representativo. Es aquel que se queja porque la queja mide más que el beneplácito. Los cambios generan temores, pero me cuesta creer que todos quieran impedir transformaciones para que todo permanezca inalterado. Las asociaciones vecinales, que se presentan como una opción progresista a la democracia representativa, son muchas veces la cuna del más férreo espíritu reaccionario. A veces el simple cambio de mano de una calle es motivo para amenazar con colgarse de los semáforos.

Sería interesante introducir en el debate otras visiones y salir de la irracionalidad del fundamentalismo barrial. La maldición de la torres como un absoluto es una teoría arbitraria y, entre otras cosas, atrasa veinte años. Cómo le dice Dios a Jonás en el final del libro que lleva su nombre: “y yo, ¿no me voy a conmover por Nínive, la gran ciudad?” (Jon 4,11).

Las torres también piden un poco de compasión.

10 comentarios:

Magda dijo...

Es interesante el recorrido que haces por el urbanismo de las ciudades. Recuerdo en clase de Historia las explicaciones sobre el paso de ciudades romanas, con Cardu y Decumanus como calles rectas, principales, para el paso a las ciudades mediavales, radiales alrededor de la iglesia, de calles estrechas...

Las torres, más altas conforme el terreno se encarecía. En Barcelona se puede ver las fincas en las que el piso primero era el más caro y amplio, todavía no había ascensores. Ahora el piso primero es el inferior en todos los sentidos, el que traga más ruido y polución de los coches.

Recuerdo en algún capítulo de la serie Futurama edificios en otros planetas, donde la baja gravedad permite que la parte superior sea mucho más amplia que la que queda tocando al suelo. Al final será éso, emigrar a otros planetas.

Un abrazo!

La herida de Paris dijo...

magda, habrá que ir reservando un terrenito en Marte, antes de que se vayan a las nubes. ¿Habrá nubes?.

Mientras tanto estamos condenados a seguir pensando sobre nuestras ciudades.

Saludos

Estrella dijo...

Me encantó esta tercera parte. Debo decir que me estás enseñando a mirar la ciudad con más detenimiento.
Compasión para las torres: nunca lo había pensando de esta manera.
Como tampoco había pensando el tema de las periferias.

Y me reí con los vecinos desmesurados!

La herida de Paris dijo...

Estrella (recobrada): En realidad aspiro a extender la compasión a los que hacemos torres, o simplemente obras en general.

Estas entradas son una forma de catarsis así que gracias por la paciencia de leerlas.

Saludos.

Rob K dijo...

Tomo tus reflexiones y con ellas también yo aprendo a ver distinto la ciudad. Coincido en que un grupo de vecinos no necesariamente expresa la razonabilidad frente a una disyuntiva. También, en que la eficiencia energética y ecológica tienen cada vez más peso y ya no pueden soslayarse. Por otro lado, importante (creo) es la cercanía al puesto de trabajo, que en Argentina suele concentrarse en pocos centros urbanos.

Paralmente me pregunto si, en un país como el nuestro, a mediano plazo no se podría pensar en fundar de modo planificado ciudades nuevas (no agregar suburbios a las existentes). Al respecto, me interesaría que en algún post futuro abordaras por ejemplo el caso Brasilia y lo que de él puede aprenderse.

La herida de Paris dijo...

Rob, gracias por la confianza, pero lamentablemente no estoy en condiciones de ir demasiado mas allá de estas reflexiones.
El urbanismo es una disciplina que ignoro y que requiere un tipo de análisis mas riguroso. Mi intención es solamente pensar un poco una visión de las cosas, que no sea la del "Uno".

Saludos.

Mary Poppins dijo...

ahora me hace desconfiar de los parques y mirar con poesia hacia arriba

La herida de Paris dijo...

Mary, mirá con poesía para todos lados, arriba, abajo, al medio y ,sobre todo, adentro.

Saludos.

La condesa sangrienta dijo...

Opi, como siempre te digo, tenés la facultad de hacerme ver el otro lado de las cosas y reflexionar sobre ello.
En una ciudad donde a diario se tiran bellísimos chalets de la belle epoque para construir torres y donde la fisonomía del paseo costero cambió para dejar de parecerse a sí misma, pertenezco al club de quienes se lamentan por ello.
Mar del Plata no es tan grande y la distancia de una punta a la otra puede recorrerse en 20' ¿hay necesidad de seguir concentrándose en un punto?
De cualquier manera lograste que mi mirada sea un poco más piadosa con las torres y con quienes las construyen jajj
beso enorme y buen domingo!

La herida de Paris dijo...

Condesa, creo que Mar del Plata (y también mi amada Miramar) son buenos ejemplos de una mala política en la materia, o mejor dicho de una ausencia de la misma.

Por lo menos me queda el consuelo que en las que hicimos nosotros, no demolimos nada.

Saludos.