sábado, 18 de abril de 2009

Jilguero

("Pelusón of milk", Luis Alberto Spinetta)

Oh! Mi amor
quiero recibir
tu silencio en mi
la ilusión que no tiene fin.

Haceme bien
tu árbol estival
es de aquel lugar
donde ayer comenzó el sol.

Y en las manos,
las selvas del aire.
Dunas de un cuerpo guaraní.

Creo que
siempre hay una señal
para amarte más
en la luz, o en las sombras.

Y en las manos,
las selvas del aire,
dunas de un cuerpo guaraní.

Tengo que ver soldados ya perdidos,
rosas muertas...

¡Oh!, mi amor
quiero recibir
tu jilguero en mí,
la ilusión.



Dar y recibir parecen ser dos primordiales acciones humanas, sobre todo relacionadas con el universo afectivo. En principio ambas acciones respiran un cierto aire de equilibrio. Nuestro espíritu está demasiado impregnado de un sentido comercial que, aun sin hacerse evidente, gobierna nuestros juicios. La equivalencia de ambas actitudes, dar y recibir, en principio suena saludable y además emparentada con la justicia. Pero esto al andar de la existencia se revela prontamente una ilusión. La vida, sobre todo si de amor se trata, es algo más compleja y el mercado no todo lo resuelve.


Un error de apreciación es el principio de cualquier error. Tenía razón Sócrates: somos antes ignorantes que malos. En este caso se trata de la confusión del amor con el altruismo. El que ama es el que se “da” al otro por entero, el que primordialmente “se entrega”. Esta primacía que consagra lo activo por sobre lo pasivo, probablemente sea la consecuencia de una sociedad todavía forjada por lo masculino. No se necesita ser Freud para descubrir en el hombre, en cuanto género, esa pretensión de ser semilla antes que tierra que acoge. Hay mucho que aprender de la receptividad femenina. Me viene en mente el título de una película coreana que vi hace poco: “La mujer es el futuro del hombre”.

También, quién sabe, haya en todo esto una forma de desliz teológico. Jesús se entregó por nosotros, al menos yo no dudo de eso. Y el verdadero amor es el que se expresa en el acto de “dar” la vida. Sin embargo, eso fue el cúlmine de una acción primera y fundamental por parte de Dios. Recibir la condición humana. Sólo da el que es primero capaz de recibir. Verdad para Dios, lo es también para nosotros, sus creaturas.

Este es el aspecto que a mi juicio ilumina este amable jilguero. Una sutil reflexión sobre la delicadeza suprema que encierra el recibir. No hay promesas sobre heroísmos, ni ofrecimientos de acciones valerosas que demuestren el amor. Sólo hay aquí un pedido humilde, un deseo que abre y cierra como en un círculo la poesía: ser capaz de recibir.

Lo que se quiere recibir en primer lugar, resulta curioso, es el silencio. Es decir algo que de alguna manera es un vacío, pero que también es el misterio que encierra toda persona. La elocuencia de lo que aún no ha sido formulado y que alberga una ilusión que sueña el infinito. Ilusión que aparece al principio y al final, para demostrar su sentido abarcador y circular. Ella nace del hecho que la aceptación nunca es pasiva, como si el otro fuera un destino irrevocable. El amor es siempre creativo y rechaza la necesidad como programa.

Luego se nos recuerda que el amor siempre es encarnado. Porque el hombre es una realidad que aúna cuerpo y alma en forma indivisible. Para demostrarlo está el sucederse de imágenes de amplitud geográfica. Árbol estival repleto de hojas, cuerpo de ondulantes dunas y manos tibias de selva. También una vaga referencia oriental en la mención del lugar de donde nace el sol, y una sorprendente y concreta precisión de pertenencia guaraní.


Y por último: el jilguero. A pesar de las durezas del existir, de los soldados caídos y de las rosas muertas. El silencio inicial se ha convertido, por arte del amor, en una realidad musical y colorida de la cual es figura elocuente este sencillo pájaro argentino. Entre sus notas está aquella que cuenta de su persistencia en seguir cantando aun en cautiverio. Para él, el corazón amado nunca es jaula, como aparece a los demás. Sólo allí se siente libre.

9 comentarios:

El Cochinillo exquisito. dijo...

"Dos caras siempre para un mismo espejo. Eso que llaman amor.
Un mismo espejo, se sostiene en el aire, se vuelve unico rostro, se perpetua en la pared.
Este malabarista en una esquina del corazon, esta sortija girando al azar".

El amor, eso que nos hace a sus antojos.-

Exquisitos saludos Herida.-

PD: Reflexivo, el blog, siempre lo sigo (en silencio).

Estrella dijo...

Decir tanto y tan bien apartir de un jilguero. Como me pasa muchas veces con tus textos, releo, subrayo imaginariamanete algún párrafos, algunas frases. Me voy con ideas nuevas, con hallazgos, y con ganas renovadas.

La herida de Paris dijo...

Cochinillo, espero que abandones mas seguido el silencio, por que es siempre un placer encontrarte.

Estrella, a nosostros siempre nos anima tu atenta y afectuosa lectura. Gracias.

emeygriega dijo...

Qué sencilla y divina letra.
Me parece una canción de amor universal, aplicable a un hijo, a la pareja, a Dios, a un amigo. A alguien o algo presente o ausente.

Gracias, la adoro.
Tenemos que subirla a YOUTUBE, no puedo entender como no está, ese disco completo es una belleza.

Un beso enorme y gracias otra vez.

La herida de Paris dijo...

De nada, fue un placer, aunque no haya podido escucharla por que tengo el equipo de música roto. De todos modos la tenía grabada indeleble en mi cabeza y me la pasé cantándola todo el fin de semana.
Espero que haya servido para reconciliarte con el Flaco. Ningún enojo justifica perderse su música y su poesía.
Saludos.

emeygriega dijo...

Ciertamente.
Y estoy tratando de aplicarlo al Flaco y a todos en general, me cuestan mucho los matices y es una promesa que me hice en Pascua.

La herida de Paris dijo...

Los matices son siempre difíciles ya que es una delgada línea la que los separa de la tibieza. Alcanzar el manejo de los mismos, sin perder el calor del corazón, lleva el tiempo aproximado de una vida.
Saludos.

el mono tremendo dijo...

Buen día.
Muy bueno lo que hacen, invitan a la reflexión en forma constante, lo que no es poco en estos tiempos.Como casi no podía ser de otra manera, me confieso un profundo admirador de quien ya saben, y también por eso
he decidido dejar de ser un lector "anónimo" del blog.
Mis sinceras y humildes felicitaciones.

La herida de Paris dijo...

Maquinista de locomotora o enfermero maltratado, excelente decisión abandonar el anonimato y transformarte en... "el mono tremendo".
Bienvenido y abrazo.