sábado, 13 de junio de 2009

Vida de planchar

El planchado podría parecer a un observador impresionable un acto de una violencia inusitada. Una búsqueda embebida de una insistencia celosa, tendiente a imponer el criterio de una igualdad sin pliegues. El totalitarismo padece siempre de una sed de perfección asesina, que busca eliminar las diferencias propias de la naturaleza, humana en particular. Quién sabe habite en el que plancha una escondida vocación de dictador. Nada hay más distinto a planchar, que hacer la plancha

La plancha anula la diferencia y doblega, con su calor parejo, toda la rebeldía que late secreta en una arruga. En un acto de inesperada misericordia, la prenda recibe primero el frescor de unas gotas esparcidas de agua, como aquellas que el sediento Epulón reclamaba a Lázaro. Esa será la única clemencia que se le otorgue. Después vendrán las enérgicas pasadas hasta que toda meseta se convierta en la pampa más austera. Si las camisas gritaran, oiríamos sus quejidos, por este rigor raso al que son sometidas. De todos modos no pueden esconder un cierto orgullo cuando desde lo alto de la pila observan con desdén el espectáculo de revoltijo que surge desde el vecino canasto.


Hasta la misma plancha es un elemento que no ofrece resquicios. En su forma asoma la miniatura de un buque, con su proa filosa dispuesta a navegar insolente hasta los pliegues que se ocultan en el reverso de un cuello. Su superficie perfecta es como un espejo que refleja impiadoso las imperfecciones de quien tiene, como Narciso, la osadía de mirarse en su plateada faz. A veces se me ocurre que en la plancha hay un deseo oculto de dedicar su voracidad lisa a otras superficies. Quizás nuestra propia cara ajada por los años sea un destino posible. O, como quería el arrebatado profeta, hasta la geografía misma para eliminar de la superficie terrestre la irregularidad de todo accidente. Plancharlo todo es el sueño ilimitado de este artefacto afiebrado.

Pero, sin embargo, y esto es de verdad inquietante, descubro una oculta felicidad en el que plancha. Como si una ebriedad sutil lo poseyera, en el ejercicio de ese poder pequeño, pero ciertamente majestuoso. Imponer el rigor de su peso caliente que, serpenteando, iguala la ropa estrujada y le impone un nuevo orden en el caos de su existencia. Planchar también es dar a las cosas un nuevo principio, para iniciar desde el placard una vida nueva.


Quién sabe la alegría del que plancha provenga también de la pericia necesaria para hacerlo. Mientras otras tareas domésticas se han mecanizado, el planchado sigue requiriendo de una habilidad irremplazable. Por ello, ella es el terror de la recién casada, que tendrá, temblorosa bajo la poderosa plancha, la promesa de prestigio que encierra la camisa blanca de su cónyuge. Sin embargo la que domina ese arte lo despliega con una solvencia que siempre me sorprende y lo practica con una atención despreocupada, como el domador que conversa distraído con las fieras. Y no obstante el peligro acecha en la forma de un calor excesivo que quizás deje su sello gótico, sobre la más inmaculada de las blusas.

Hay en mí una esperanza secreta de que la plancha se convierta en caricia. Y el deseo ferviente de que sea empuñada por un corazón bondadoso, que no sea demasiado severo con mis imperfecciones y que su calor perdone los pliegues oscuros de mi alma.

16 comentarios:

El Cochinillo exquisito. dijo...

Herramienta irreprochable (a favor)del empleador injusto que subraya mi arrugado (y mi barba de diez días).
Postal de mi madre, a favor de las prendas de mi padre y sus dos hijos...

Exquisitos saludos admirado opi.-

La condesa sangrienta dijo...

En mi caso, la 'alegría del que plancha' aparece cuando termino de planchar.
Pero la poesía con las que describís las tareas domésticas, hace que me reconcilie un poco con ellas.
Beso enorme.

La herida de Paris dijo...

Cochinillo, en el triángulo plancha, madre y jefe canuto, se encierra una vida.

Condesa, será que María siempre me dice que de las pesadas tareas domésticas planchar es la que prefiere, que supuse esa felicidad universal. De todos modos me alegro de haber colaborado en algo a aliviar las tuyas.

Saludos

El Cochinillo exquisito. dijo...

Una vida prolija??

Exquisitos saludos.-

Estrella dijo...

Pues yo, como María, elijo planchar entre todas las tareas de la casa. Es más, diría que hasta me gusta.

Me enseño mi madre, me acuerdo perfectamente del momento: primero por acá, después por allá...

Gracias a esta habilidad mía, más de una amiga me ha secuestrado diez minutos en plena cena: ¿me ayudás a planchar la camisa de X. que no tiene ninguna lista para mañana?

También he hecho trueques: yo te plancho las camisas, vos podame los rosales del jardín.

No sé, es lindo planchar, los movimientos se mecanizan, ahí va una con movientos suaves y tibios, mirando con gusto como el revoltijo de ropa se ordena como por arte de magia. El olor de la ropa recién planchada, la sensación de deber cumplido. ¡Me gusta!

Como siempre, me sorpendo de tu mirada atenta a lo cotidiano, a lo que pasa cada día sin pena ni gloria.

¿El próximo post?

Carlas Semberg dijo...

Hi, Herida, soy el viejo Cocorastuti...Hermoso relato, pero la plancha es un instrumento infernal...¿Quien sabe que cosas tiene adentro....?
El sol, dicen los astrónomos, nos va a planchar dentro de 5 mil millones de años.....
¿Va a planchar su alma o su cara...? Tenga cuidado, yo no lo haría.

En mi casa no hay planchas: todo se plancha solo...
Herida: te han estafado: nada necesita planchado, apenas lavado y sol....Lamento tener un amigo víctima de otro de los engaños del mundo burgués....!

¡Vendé ya esos artefactos...!

Saludos---Carles o Carlas

María dijo...

Estrella, te entiendo, y aunque suene un poco exagerado, yo amo planchar!! En mi caso, fue un aprendizaje totalmente autodidacta, pero muy intensivo: cuando estaba en la facultad, los recreos en el estudio los dedicaba a planchar la enorme pila de ropa de mi numerosa familia (somos 11 hermanos, más los viejos). Me gustan las tareas donde puedo aplicar un método y repetirlo cada vez casi inalterado, pero sin sentir la urgencia de la cocina, de hacer las camas o de lavar los platos que se acumulan en la pileta.

La herida de Paris dijo...

(ex)Coco, antiguamente creo que a las planchas se les ponía directamente brasas. Quizás el saber lo que tenían adentro lo convertiría en un artefacto mas amistoso. Un vientre de carbones encendidos no deja de ser sugestivo.

Estrella y María, ahora pueden empezar a intercambiar técnicas.
Saludos.

chulo dijo...

A mi me encanta ponerme una camisa recién planchada y que conserve cierto calor.

Muy bueno el artículo Opi.

La herida de Paris dijo...

Chulo, no se podía esperar otra cosa de alguien que se hace lustrar los zapatos en la via pública.
Abrazo y fuerza con esa rodilla.

fred dijo...

HdP, con todo respeto, ud. es el Ponge de la Argentina.

Muy bueno el texto.

El Cochinillo exquisito. dijo...

Lo de las planchas con brasas es un acalorada y prolija certeza.
Mi mama restaura cosas antiguas, y entre ellas, hay una
(reliquia familiar).
Son pesadas, y parecen una maquina vieja de ferrocarril.

Exquisitos saludos opi.

A ver si un dia te pasas por mi sitio, es bruto, pero sincero.

La herida de Paris dijo...

Fred, confieso que tuve que recurrir a Wikipedia para saber quien era Ponge. Recién después de eso me di cuenta que lo tuyo era un magno elogio, que humildemente agradezco.
Saludos.
Cohinillo, que no comente no quiere decir que no pase.
Abrazo y prometo dejar rastro la próxima vez que esté por allí.

fred dijo...

Estimado Opi,

Te vengo leyendo hace un tiempo y sospechaba que conocías a este poeta. Ojalá tarde o temprano te encuentres con él si es que eso resulta bueno para vos.

En textos como este tenés el tipo de aproximación a las cosas que él cultivaba y sobre la que reflexionaba.

De todos modos quiero llevarte tarnquilidad y decirte que esta comparación con FP va por única vez (además de contarte un secreto: dicen que Buzatti de tanto ser comparado con Kafka no quiso leerlo).

saludos
Fred

La herida de Paris dijo...

Prometo ser, en este punto al menos, menos necio que el gran Dino.
Gracias por el dato y por la lectura.
Abrazo.

magu dijo...

confieso que jamás he planchado en mi vida, ni en la pista de baile (o en la silla de la solterona amargada que critica a quien baila) ni tampoco en la tabla propiamente dicha. Alguna vez mi marido se ha planchado algo, pero todo lo arreglamos usando el lamentable poiiester.
Si hago la plancha en la pileta, y quedo planchada
saludos, a todos y ¡ abajo las planchas ¡