sábado, 26 de marzo de 2011

Proa al inconsciente

“Líbrame ya
nena líbrame de ti.
Busco aquella luz hoy.
Sólo líbrame de todos los sueños de gris”

(Luis Alberto Spinetta,
Canción de noche, en Pan).



Comparto el baño con cuatro mujeres, la mía y mis tres hijas, y lucho con los resabios de sus profusas cabelleras, que cada tanto obturan el desagüe de la bañadera. Sacarlos es una tarea que me compete y siempre me sorprende que a pesar de que estos provienen de cabezas que amo, debo vencer una inicial repugnancia. La sorpresa radica en que evidentemente no es el pelo lo que produce rechazo, sino el hecho de que se encuentre lejos de su natural posición. El desmembramiento es una fuente segura de horror.

“Hasta este momento nadie ha determinado cuál es el poder de un Cuerpo, qué cosa pueda este hacer o dejar de hacer sin estar determinado por la Mente”. Esta afirmación de Spinoza se me hizo presente insistentemente mientras recorría la muestra de Louise Bourgeois en Proa. Sus esculturas empujan aún más al límite las dudas del filósofo. Hasta dónde un cuerpo puede llamarse aún “cuerpo”.

La obra de esta artista, más allá de sus evidentes resonancias oníricas, parece llevar al límite las posibilidades del cuerpo como materia expresiva. En primer lugar a partir de los diversos materiales en los que se presenta, que van desde la blanda tela rellena hasta el más perfecto y pulido bronce. Las piezas parecen plegarse a lo que cada material ofrece como posibilidad. A la extrema y sorprendente precisión de Arco de histeria, un dorado cuerpo arqueado sin cabeza, se sucede al muelle mutismo de otra cabeza, que grita ahogada en goma espuma.


La muestra es un recorrido entre retazos de cuerpos, muchos de ellos colgados del techo, como en los mataderos que rodeaban la casa de la infancia de la artista. Cuerpos que parecen haber sido sometidos a toda clase de operaciones, que comprenden la amputación, la repetición, la antropofagia y el cambio de escala. Muchas veces estos se vuelven irreconocibles y de las partes debemos ascender al todo dificultosamente, otras debemos recurrir a la sustracción o a la abrupta reducción.

De todos modos, nunca se apela a la deformación, simplemente se aíslan las partes o se multiplican los órganos como pólipos descontrolados. No son cuerpos deformados, sino faltantes o sobrantes. Están desprovistos de identidad, bien sea porque se les ha suprimido la cabeza o porque esta permanece indefinida en los rasgos anónimos que provee el modelado de la tela. Su falta de rostro no hace más que acentuar su condición exclusivamente material. Se trata de cuerpos, no de personas.

Resulta que Louise Bourgeois extrae sus esculturas de su propio inconsciente. Esas imágenes mutiladas provienen de las profundidades oscuras del trauma de una infancia infeliz. No encarnan denuncias de tipo social ni reflejan el mundo exterior, sino el de su propia mente, lo cual hace que todo resulte aún más inquietante. Sus fantasmas puede que agiten los nuestros.


La muestra se inicia con la inmensa Spider, escapada de un Sábado de super acción, que custodia la entrada. Un homenaje a la figura protectora de su madre bajo la cual es posible cobijarse. De este modo la inversión se completa, el tranquilizador cuerpo humano resulta inquietante, y la araña, próxima y maternal.

Quizás quede todavía sin respuesta la pregunta de lo que un cuerpo puede, pero está más claro lo que puede una mente. Sobre todo si es sometida a esa maléfica disciplina llamada psicoanálisis. Claro, salvo que uno encuentre, para salvarse, el magnífico atajo del arte.

15 comentarios:

Magda dijo...

Maravillosas fotos y magnífica reflexión.

Sobre lo del cuerpo y hasta cuando se le puede llamar como tal, me recuerda la frase de un amigo mío en clave de humor: "¿Hasta donde se lava la cara un calvo?"

Feliz domingo!

La herida de Paris dijo...

Gracias Magda, las "maravillosas fotos" son mérito de María, mi mujer. La frase de tu amigo expresa exactamente problema de los límites, que en el arte suelen ser difusos.

Saludos.

fred dijo...

Hola!

Muy buen comienzo de post. Sorprendiendo con la anécdota doméstica y pasando después a la reseña cultural.

Respecto al psicoanálisis prefiero no decir mucho por lo amplio del asunto. Pero en todo caso, si se trata de abominar, abomino a los psicoanalistas varones que intentan encamarse con las bonitas mujeres que confían en ellos. Y me sorprende lo común de este tipo de casos.

abrazo

La herida de Paris dijo...

Fred: graves acusaciones las tuyas.
En todo caso mi rechazo al psicoanálisis se basa estrictamente en que descreo que la solución a nuestros traumas esté en escarbar en el inconsciente, sino todo lo contrario, en salir al encuentro de Dios.

Saludos.

La condesa sangrienta dijo...

La anécdota que contás al principio parece sacada de mi propia escena cotidiana, así, tal cual.
Como si fuéramos miembros separados de un mismo cuerpo familiar.
Un beso grande para vos y homenaje a todos los heroicos cazadores de pelos ajenos, ja

Mary Poppins dijo...

por que salir al encuentro de Dios es incompatible con la exploración del inconciente? Podrían trabajar mancomunadamente?
Parecen búsquedas en definitiva, incomparables en mi opinión
Una mira hacia arriba; la otra hacia adentro ...


Ya sabes de mi inquietud espiritual. Son preguntas casi libres de preconceptos

Saludos y no se le ocurra quejarsele a sus 4 ninias

Mary Poppins dijo...

la arana es la misma del Guggenheim Bilbao?

La herida de Paris dijo...

Condesa, soy un total inútil para las tareas domésticas. En las únicas que puedo desempeñar el rol de "hombre de la casa" son aquellas que se pueden englobar en la categoría "asquerosas". Aparte de los pelos está el destape de inodoros (soy el héroe de la sopapa) y el desarme y limpieza del desagüe de la pileta de cocina.

Saludos.

La herida de Paris dijo...

Mary, por supuesto que es verdad lo que decís. A veces el deseo de ser sintético, atenta contra la verdad.

Ya San Agustín, maestro de la interioridad, enseñó que la ontrospección era un camino privilegiado para llegar a Dios.

El problema del psicoanálisis es que en su inmanentismo no reconoce ninguna trascendencia y por lo tanto su búsqueda es, a mi juicio, estéril. El hombre es incapaz de salvarse a si mismo.

Saludos, y la araña es la misma que como "Manuelita" se vino caminando desde Bilbao al Riachuelo.

fred dijo...

Opi, yo descreo de nociones tales como "solución", "trauma", y "escarbar".

Si hay terapia que haya elaboración; más no solución, ni escarbe, ni trauma (por lo general, una noción pesada y victimizante). Para la mayoría de traumas están los traumatólogos.

La herida de Paris dijo...

Fred tu comentario me hace acordar a García y sus promesas sobre el bidet:
"Calambres en el alma,
Cada cual tiene un trip en el bocho
Dificil que llegemos a ponernos
De acuerdo""

Rob K dijo...

Me inquieta esa araña, por falsa que sea. Pero no puedo dejar de mirarla.

Saludos.

La herida de Paris dijo...

Sí sobre todo si se piensa que es un homenaje a la madre. Después de verla me da ganas de ir corriendo a abrazar a mi vieja.

Saludos.

María dijo...

Creo que culpa de ese comienzo de post tan "asqueroso" los de prensa de Proa esta vez no lo reseñaron...

La herida de Paris dijo...

Convengamos que la muestra no era para débiles de estómago, como para impresionarse por uno pelos en la ducha.
Beso.