sábado, 16 de abril de 2011

Crónicas de NY V

Día 05 (martes): FINNANCIAL DISTRICT / (Tribecca)


Este fue el día que elegimos para encontrarnos con el verdadero centro de New York, al menos en cuanto a su consideración a escala mundial. Supongo que nuestra situación es equiparable a un habitante del Imperio cuando, luego de algunos días de visita en Roma, se decidía a bajar al Foro.

Empezamos el recorrido tomando el subte en la 51th St. y Lexington Ave. En la misma esquina de la estación se encuentra el edificio de la General Electric, rascacielos en ladrillo de unos cincuenta pisos de altura, realizado en los años 30. Está realizado en un estilo gótico, pero fuertemente influenciado y en cierto modo endurecido por un saludable aporte art decó. Tiene gran cantidad de detalles en una apretada planta baja y sobre todo se destaca el magnífico y complejo remate.


Bajamos en la estación City Hall, en el espacio dominado por la inmensa y extraña mole clásica del edificio Manhattan Municipal Building, llevado a cabo en un estilo clásico, pero con movimiento curvado que no se articula del todo fluidamente. El edificio lleva la firma de los prestigiosos McKim, Mead, & White y se atraviesa por la planta baja pasando por debajo de una inmensa bóveda de cañón que nos introduce en otra plaza donde se encuentran los edificios de la policía y otros administrativos, y también la iglesia católica de San Andrés.


Nos dirigimos hacia el norte y entramos en la triangular Folley Square, rodeada por importantes edificios en estilo clásico y dedicados en su mayoría a la administración de justicia. Sobresalen, sobre un severo pórtico corintio de coronamiento recto, la torre clásica de la Corte Federal y también la generosa escalinata que precede el pórtico, esta vez con frontispicio, del edificio de la Suprema Corte de NYC.


Ligeramente hacia el sudoeste, en un pequeño espacio abierto, se puede observar el significativo y moderno monumento que recuerda la presencia de un cementerio de esclavos negros, descubierto allí en 1991. Su construcción fue precedida por una fuerte presión popular, que evitó la construcción en ese lugar de un edificio público y por la extensión de un concurso para realizar el monumento.


Volvemos a City Hall, esta ves a la parte del sur, rodeando el antiguo pero poco relevante –desde el punto de vista arquitectónico– edificio del Ayuntamiento de New York. La pequeña plaza frente a él tiene una buena vegetación y una fuente que aporta vivacidad.


En frente se destaca el edificio conocido como el New York Times Building, por haber sido durante años sede del prestigioso diario. Al lado de este sobresale la mole del Potter Building, que reúne un muy esmerado trabajo de decoración en ladrillo y que es una gran pieza de estilo victoriano, de fines del siglo XIX.


Del otro lado de la plaza está el imponente rascacielos gótico de Cass Gilbert, llamado Woolworth Building, que fuera el más alto de los Estados Unidos hasta que fue destronado por el Chrysler.


A partir de acá comenzamos el errático descenso tomando como eje Broadway, pero que fue sufriendo distintas desviaciones hasta hacerlo serpenteante. Esta parte de la ciudad, que constituye su núcleo originario, nada tiene que ver con la prístina claridad de su famosa cuadrícula de rectángulos, que tanto ayudan a la orientación.


Acá nos encontramos en un tejido bastante intrincado, y también algo sombrío, dada la estrechez de las calles cuya medida parece no importar a los edificios que la encierran. La arquitectura que predomina aquí es la de estilo clásico en muchas variantes y en general de excelente factura.


Una primera parada obligada la hacemos en la pequeñísima capilla de la Iglesia Episcopal, es decir la versión americana de la Iglesia Anglicana, dedicada a St. Paul. Este edificio, no muy agraciado, tiene una importancia tanto por su pasado como por su presente. Es la más antigua de la ciudad, y se cuenta que allí iba a rezar George Washington en los primeros días de su mandato. Por otro lado alcanzó reciente notoriedad en los atentados del 11-S, ya que fue la primera en prestar socorro y fue centro de reunión de las primeras ayudas. Hoy en día es prácticamente un memorial que celebra el espíritu solidario de todos los estados del país ante aquel ataque.


Avanzamos por Broadway, dejando a nuestra derecha el Zuccotti Park y el edificio One Liberty Plaza, un clásico rascacielos de SOM. Este último fue severamente dañado el 11-S al punto de que se temiera su colapso. Toda la zona por la que caminamos y el barrio en general se encuentra lleno de tareas de refacción que dificultan un poco la visita, pero que al mismo tiempo demuestran la pujanza de una ciudad en permanente progreso. Dicha laboriosidad, por otro lado, también pone de manifiesto la marca indeleble que dejaron los atentados en toda esta zona aledaña a las Torres Gemelas.


Más adelante se encuentra la Trinity Church, una de las primeras parroquias de la Iglesia Episcopal. Fue construida tres veces hasta tener su forma actual en 1846, en estilo neogótico, según los dictados de la arquitectura inglesa de aquellos años. En aquel entonces la alta torre de ochenta y cinco metros dominaba el barrio y era referente para los buques del cercano puerto.


A su lado el pequeño cementerio es un oasis de tranquilidad en medio de la vorágine que irradia el centro neurálgico del capitalismo mundial. La gente pasea entre sus tumbas y muchas comen su almuerzo en compañía de los ilustres personajes que aquí yacen.


Desviándonos un poco del recorrido de Broadway, fuimos a visitar lo que podría llamarse el corazón del Finnancial District. En primer lugar el Federal Hall, primer congreso de los Estados Unidos. El edificio de hoy no es el original, que fue destruido en el siglo XIX, y cuenta en su fachada con un bronce de Washington, quien allí fuera elegido como primer presidente en 1789. Vecino a este se encuentra el rascacielos ahora conocido como Trump Building, construido en 1930, y adquirido por Donald Trump en 1995, que le dio su nombre.


Unos pasos más adelante, descendiendo por Broad St., se ve el escorzo de la Bolsa de New York (New York Stock Exchange, NYSE), que esconde su pórtico de columnas corintias detrás de la estirada y enorme bandera de los Estados Unidos. Una imagen significativa que nos resulta tan familiar que ni siquiera nos sorprende. Es de todos modos un caso singular de un elemento simbólico que se sobrepone a la arquitectura y también un ejemplo llamativo de la relación que tienen los americanos con su bandera.


Retornamos al eje de Broadway para ingresar lateralmente en lo que fuera el origen de toda la ciudad y su primer parque cuando todavía era dominación holandesa, el Bowling Green Park. Dicha entrada lateral nos impidió ver el famoso Toro de Wall Street, ubicado en el extremo norte, donde arranca Broadway. La obra, que nos pasó inadvertida, fue realizada por el italiano Arturo Di Modica, que la plantó sin permiso frente a la bolsa de New York en 1989 y que luego, debido a su gran popularidad, fue trasladad a su actual ubicación en Bowling Park.


El lado sur de la plaza está cerrado por la presencia del Alexander Hamilton U. S. Custom House, construido a principios del siglo XX por Cass Gilbert, en un sobrio estilo academicista francés. Se destaca sobre todo la cantidad de esculturas de gran calidad que presenta su fachada y que se amoldan perfectamente a la arquitectura del edificio. Este surge donde antiguamente se encontraba el Fort Amsterdam, una especie de aduana que controlaba el comercio de los buques en la entrada del río Hudson.


Ya cercanos al almuerzo cruzamos al Battery Park, el segundo en importancia de Manhattan, que se extiende linealmente paralelo a la confluencia del Hudson y el East River, en el extremo sur de la isla. En su entrada se encuentra la Sphere, escultura metálica de Fritz Koenig, que se muestra con las abolladuras y heridas que sufriera en los atentados del 11-S, ya que antiguamente estaba ubicado en la Austin Tobin Plaza, al pie de las Torres Gemelas.


Pasamos cercanos al Castle Clinton, fortaleza realizada en 1812 como defensa de posibles ataques, pero jamás utilizada, y atravesamos una curiosa fuente que surge desde el piso.


Finalmente recalamos en uno de los bancos que ofrecen la vista del mar, al frente de la Isla del Gobernador y más lejos la Estatua de la Libertad.


Dispuestos para gozar del paisaje, restauramos fuerzas mientras mirábamos el ferry gratuito que continuamente parte con destino a la estatua. No cedimos a la tentación.


Nuevamente en camino, fuimos recorriendo el Battery Park hasta su extremo este, donde se encuentra la nueva terminal del ferry de Staten Island, para después remontar la Water St. hasta Fulton St. y Seaport. En el inicio de Water St., en la vereda de la izquierda hay una serie de edificios de época, mientras que la margen derecha cuenta con algunas torres importantes. Entre ellas sobresale la del 55 Water de casi sesenta pisos de altura, construida por Emery Roth & Sons. El proyecto llevado a cabo en 1972 tiene un interesante basamento señalado solamente con una intensidad mayor en la grilla que compone la fachada, un recurso formalmente económico, pero efectivo.


Más adelante, al llegar a Pine St., se encuentra el Wall Street Plaza, con acceso desde el 88 Pine St., otro sobrio rascacielos del siempre contenido y preciso I. M. Pei, una pieza de gran simpleza que elabora una sencilla malla rectangular apaisada, materializada por elementos de aluminio que simula gigantescas perfilerías de acero blanco. El remate se concreta rellenando con simplicidad los módulos. Una nueva lección de sencillez del maestro chino.


Continuamos adelante por Front St. hasta llegar a Fulton St. donde tiene inicio la zona conocida como South Street Seaport, que cuenta con una importante cantidad de edificios reciclados. Una de las tantas operaciones de reciclaje masivo tendientes a crear una zona comercial. Algo del aire original de algunos edificios se conserva, como el Fulton Fish Market, uno de los más grandes mercados de pescado de los Estados Unidos, hoy trasladado al Bronx como parte del programa de refuncionalización del área. El aspecto general de la zona, pese a los esfuerzos tendientes a la conservación, por ejemplo del adoquinado original, no puede superar un aspecto artificial. De todos modos desde allí se pueden obtener muy buenas vistas del Puente de Brooklyn.


Luego de un breve descanso, retomamos el ascenso por Fulton St. hasta encontrarnos nuevamente con el impresionante cráter del Ground Zero, en realidad con la imponente obra que surgirá en el espacio que ocupaban las derribadas Torres Gemelas, que ya comienza a aparecer en el horizonte. La zona se encuentra totalmente cercada y por los bordes circula una enorme masa de gente. Los paneles del cerco recuerdan los atentados y también muestran los avances de la nueva obra, reiterando constantemente el pedido de disculpas por los problemas ocasionados a los transeúntes.


En la mitad del trayecto del lateral por Vesey St., en el cruce con Greenwich St., se encuentra una de las primeras obras construidas después de los atentados del 11-S. Se trata del World Trade Center 7, también conocido como 7WTC, que reemplaza al original del mismo nombre que colapsó luego de la caída de las Gemelas. La obra se terminó en 2006 y estuvo a cargo de los infaltables SOM con la colaboración de otros artistas, entre ellos James Carpenter, para la fachada. El resultado es un edificio etéreo realizado en una sutil piel de vidrio que tiene las primeras plantas revestidas en un delicado entramado de acero inoxidable y un remate apenas esbozado con dos líneas horizontales. Todo inexorablemente en el mismo filo.


Digno de destacar del proyecto es el hall de entrada del edificio con un cielorraso lumínico en placas de vidrio blancas, que en la pared del fondo presenta como revestimiento una instalación que comprende una inmensa pantalla que cubre todo el ancho del hall. En la pantalla se pasan constantemente textos o palabras en caracteres gigantes según el dictado del artista conceptual Jenny Holzer.


También la obra comprende una pequeña plaza al otro lado de Greenwich St. que remata con una fuente y escultura de Jeff Koons.


Posteriormente atravesamos por Murray St. la West St., una verdadera autopista, en dirección al Hudson. Allí pasamos por debajo de las estructuras de la gigantesca obra del Goldman Sachs New World Headquarters, que se encuentra ya pronta a su inauguración y su autor es I. M. Pei, Cobb & Freed. También pasamos lateralmente por la ampliación de los conjuntos residenciales de ladrillo que encierran el Teadrow Park , con un nuevo parque inaugurado en el 2006 y diseñado por el famoso paisajista Michael Van Valkenburg.


Finalmente rodeamos la zona para ingresar al World Financial Center desde el río y acceder desde la plaza al complejo diseñado por César Pelli. Este, cuya construcción comenzó en 1985, resulta una de las obras más observadas durante mi época de estudiante. Constituye la consagración de Pelli en el plano de la arquitectura internacional, ya que a la indudable calidad del proyecto se suma una de las ubicaciones más notables que pueda ofrecer el planeta.


A pesar de haberlo visto y conocido en detalle a través de imágenes de todo tipo, confieso que el impacto que me causó fue decididamente impresionante. Impacto además ayudado por la hora de nuestra llegada que coincidía con la puesta del sol, que hacía brillar el conjunto con una luz particular.


El acierto de la escala es en primer lugar lo que llama la atención, ya que las torres, si bien tienen una altura considerable, reducen el impacto de su presencia mediante un basamento corrido que las soporta. Los edificios están elaborados con sutiles variaciones y con pequeños giros que permiten que todo el conjunto se presente muy homogéneo, sin que nunca resulte monótono.


La variedad culmina en los distintos remates y adquiere una vibración notable en el desarrollo de cada volumen, donde todo sucede en la superficie, cambiando de materiales siempre a filo. Este equilibrio logradísimo es lo más preciado, a mi juicio, de toda la propuesta.


Queda por último por señalar la plaza que antecede, modelo de tranquilidad y de armonía.


La escala continúa reduciéndose con la rígida ubicación de los árboles sobre uno de los laterales y con la larguísima fuente baja de diseño simple y contundente, ambos elemento que agregan color y sonido para crear un ambiente relajado, el cual parece ubicarse muy lejos del vecino centro financiero del mundo.


El cuadro lo completa la dársena donde se mezclan veleros pequeños de una escuela de yacht y cruceros imponentes. En uno de ellos algunos millonarios toman un copetín en la cubierta. Apuesto a que es un Martini.


Nos quedamos un rato descansando y admirando el lugar y después nos dirigimos al famoso jardín de invierno de altura múltiple y aire de siglo XIX, que actúa como bisagra de todo el conjunto.


Habitado por altas palmeras, de las que dudamos si son naturales o plásticas, el lugar transmite un cierto aire desolado, acentuado por unas pequeñas mesas redondas de café en donde nadie parece haberse sentado por un buen tiempo.


Siendo en realidad un shopping, tiene más bien el aspecto de hall de estación ferroviaria, pero sin trenes ni pasajeros.


Salimos por la parte de atrás, la que fuera dañada fuertemente por los atentados del 11-S. La carpintería ha sido reemplazada por una pared de vidrio y cable acorde a las nuevas tecnologías. Su solución de minimalismo extremo es acertada para convivir con el edificio original y al mismo tiempo servir a la memoria de lo ocurrido.


El día lo terminamos con una larga caminata por Greenwich St., atravesando Tribeca hasta el Meat Packing District. Greenwich St. inicia con una fuerte diferenciación entre sus lados que resulta por demás interesante. La margen izquierda cuenta con veredas anchas y edificios nuevos, mientras que la derecha está compuesta por construcciones antiguos con restoranes en la planta baja. Tribeca aparece como un barrio mixto, pero de mucho carácter y ciertamente atractivo.


Después de las primeras cuadras sobre la izquierda aparece un pequeño parque, el simpático Washington Market Park que oficia de acceso a la enorme mole del Borough of Manhatan Comunity College (BMCC), una de las más grandes instituciones educativas de la ciudad. La estructura de ladrillo y cemento ocupa cuatro manzanas consecutivas y atraviesa las calles. Por debajo del mismo aparecen las vistas del Hudson River en donde se reflejan las primeras luces de la noche.

8 comentarios:

Rob K dijo...

Esta recorrida virtual de NY con su mirada sigue fascinándome. Y lo felicito, además, por la calidad de las fotos. Me impactó esa obra de Pelli, muy bella.

Saludos.

Mary Poppins dijo...

Otro dia en NY, que bien.
A mi me gusta muchisimo esas Iglesias de Wall St. como St Paul o Trinity (que son mas inquietantes de afuera que de adentro) por el contraste que ofrecen a tanta torre y poder financiero.

Pelli , un orgullo

La herida de Paris dijo...

Gracias Rob, el mérito de las fotos es de María, mi mujer, que no sólo saca las fotos sino que las guarda, clasifica y elige para subir al post y hacerlo entendible.

Mary: coincido con tu apreciación sobre las iglesias, sobre todo de la Trinity. Ese gótico del siglo XIX tiene su nobleza y la relación con el entorno es como bien decís "inquietante".

Y Pelli: un grande de verdad.

Saludos.

janfi dijo...

Che, y no regalan dólares por ahi?
¡Tienen un montón!

La herida de Paris dijo...

No solo no regalan, sino que se quedaron con los (pocos) que llevamos.

Saludos.

Anónimo dijo...

Opi, es la primera vez que entro a leer tu blog y quedé fascinado con tus crónicas neoyorkinas. Tengo planteado un viajecito allá para mediados/fines de julio y, como va a ser mi primera visita, todos tus apuntes me han resultado reveladores, sin duda los voy a tener en cuenta como una guía para las extensas caminatas que planeo realizar. Gracias... che, ¿cuánto falta para julio?

Estrella dijo...

Edificios y cielo; edificios y agua, como si siempre hubieran estado allí. Muy buenas las fotos!

La herida de Paris dijo...

Anónimo, me alegro que te sean útiles y para julio falta todavía y también para el final de estas crónicas que son XI.

Estrella, le paso a María tus ponderaciones a sus fotos y siempre es un placer saber que estas ahí.

Saludos.