domingo, 20 de febrero de 2011

500 días

Con el tiempo he llegado a algunas conclusiones sólidas. El mejor día para comer afuera es el viernes a la noche. Y el sábado a la mañana lo es para ver películas en TV, que a su vez, es la mejor manera de ver películas. Al cine en el cine lo abandoné hace ya un par de años, y los DVD nunca producen el regocijo que produce la TV. Por algo está comprobado que el DVD produce un sueño irreversible. Mi mujer lo sabe como nadie.

Sin duda, la dicha del cine en TV está ligada a la que produce todo acontecimiento cuando no es programado, que es cuando es verdaderamente tal. El saber que lo que vemos es el fruto de una improbable coincidencia surgida de un frenético zapping produce la vitalidad de lo sorpresivo. Las películas en televisión no se ven, sino que se “pescan” y esta es una actividad ancestral que cuando alcanza su propósito no puede ocultar el júbilo. Toda pesca, en cuanto eventual, es milagrosa.

Sobre la preferencia matinal del sábado el motivo tiene su raíz en el desconcierto que seguramente produce este horario en los programadores. Supongo que debe haber un acuerdo tácito, producto de algún prolijo estudio de mercado, que sanciona que el viernes a la noche uno quiere ver películas de terror. Yo nunca quiero verlas. En cambio, el público del sábado a las nueve de la mañana es aparentemente muy difícil de determinar y así el programador se independiza del yugo del encuestador. La libertad es siempre una ganancia.


Este fue el caso de este sábado en que vi la exquisita 500 días con ella, cuyo título original 500 days of Summer es más efectivo pero resulta intraducible, ya que nadie se llama Verano. La historia en tono de comedia plantea un tema profundo: el de la libertad frente al destino. La romántica creencia de Tom, en cuanto a que el amor es fruto ineludible de un destino, choca con la visión pragmática de Summer, reacia al compromiso, incluso al mínimo que impone el nominalismo. La relación que entablan nunca puede superar este inicial escollo, que ni el cariño ni la voluntad pueden disolver. El desarrollo, en definitiva, consiste en un viaje que es el de un enroque perfecto, en el cual cada uno convencerá al otro de su posición inicial, pero sin que esto implique al otro en el futuro.

Muchas veces abandonamos nuestras creencias cuando la realidad no coincide con el efecto que esperamos que las primeras iban a producir sobre la segunda. La voluntad que ponemos en creer nos hace olvidar que el andar del mundo muchas veces se encarga de negar lo que creemos. El no soportar el abismo entre lo ideal creído y lo real realizado es lo que nos empuja al abandono. Sin embargo, allí donde fracasan los ideales es misteriosamente donde estos se revelan más verdaderos. Tom, Summer y nosotros debemos aprender que destino y libertad son realidades complejas, a veces complementarias, pero nunca excluyentes. De ambas se teje misteriosamente la existencia.

Decir cosas profundas con liviandad es un mérito de difícil alcance. El relato apela a todos los recursos posibles e imaginables que el cine como mecanismo lingüístico pone a su alcance. Quizás esto a algunos pueda molestar, pero esta verborragia de recursos es una sobreabundancia que se asimila en cuanto no es tomada nunca en serio. Puede también que otros no puedan soportar la aparente liviandad de una comedia romántica. A esos se les aplica la sentencia de Zarathustra: “Ninguno de vosotros ha aprendido a bailar como se debe bailar… a bailar por encima de vuestras cabezas”.

Bailar sobre las cosas graves es posible sobre todo un sábado a la mañana, cuando el lunes está aún demasiado lejos.

10 comentarios:

Carlos G. dijo...

"Sin duda, la dicha del cine en TV está ligada a la que produce todo acontecimiento cuando no es programado, que es cuando es verdaderamente tal."
Coincido totalmente y lo mismo podría aplicar a la música que "encontrada" en la radio supera claramente en placer a la elegida en el cd.
También con la salida en la noche de viernes dejando intocado el fin de semana.
Con lo del cine el sábado a la mañana...ya no tanto; la tv de mañana es algo que no puedo sobrellevar.

Saludos

La herida de Paris dijo...

carlos me alegro de las coincidencias y te animo a que pruebes con las películas en cable "saturday morning".

Es un camino de ida.

Saludos.

Rob K dijo...

Tal vez sea el sábado a la mañana el momento en que mi ánimo mejor predispuesto se halle para ahondar en las complejidades de la existencia, sin sentirme luego excesivamente abrumado por no comprenderlas.

Al cine en tv sólo le objetaría que no contempla la posibilidad de una pausa, que a veces se hace inevitable. En cuanto a los dvd, también yo he verificado su poderoso efecto somnífero.

Saludos.

La herida de Paris dijo...

Una de las complejidades de la existencia es el que nace a partir de esas pausas inevitables que mencionás. Decididamente nuestra pretensión de controlar el fluir del tiempo, choca con la insobornable vejiga.

Saludos.

Mary Poppins dijo...

"Con el tiempo he llegado a algunas conclusiones sólidas."
que envidia!!! :)

La herida de Paris dijo...

Convengamos que aunque sólidas, en este caso son bastante modestas.

Saludos

Lucia dijo...

A propósito de propuestas de programadores y cinefilos y radioescuchas me permito comentar acerca de la futilidad de las desmesuradas descargas de música y cine de internet. Sin limite de cantidad, sin rumbo ni criterio las canciones se acumulan, holgazanas, en alguna carpeta de "mi pc" . En mi adolescencia he esperado frente a la radio con un caset virgen regragabado y los dedos sobre Rec y play que el musicalizador de una fm elija y le de scuencia a la música que a mi me interesaba (boby flores era genial para eso) hoy los programas de ranking por llamados destruyeron el mágico trabajo del programador

La herida de Paris dijo...

Tenés razón, es agotador tener que elegir siempre uno. Muchas veces es saludable hacer desacansar la libertad y depositarla en manos de otro, aunque sea solamente para elegir música o películas.

Saludos.

GORDO cincuentón dijo...

Por fin un tema del que pueda opinar...
Años de cine de super acción por la tarde de los sábados, avalan mis comentarios: "más allá del ancho río y esos moicanos que te ponían, nos ponían, los pelos de punta. El exabrupto en contra de Carrizo -todavía suena en mis oídos- cuando en la TV escuchar una mala palabra era algo rarísimo, solo producto de un error de quien se creía en off y estaba on.
Muchas cosas han cambiado, aunque nunca pensé que tanto. Por eso me extraña y desagrada que te hayas pasado a la franja horaria matinal de los sábados, abandonando las tardes de película...
Será otro jalón de tu permanente y loca metamorfósis?.
Coincido en la premacía de la TV antes que el DVD -aunque jamás renegaría del cine en el cine, que es para mí lo superior- porque admito que es gozoso cuando encontrás de carambola algo copado. Pasa lo mismo con la música en la radio, cuando ponen uno de tus discos favoritos. Experimentás un placer en la coincidencia. Si se quiere es un placer ridículo, toda vez que si se trata de un disco favorito, seguramente lo tendrás y podrás escuchar en tu casa todas las veces que se te de la gana.
A propósito, hace tiempo que no tenía dos coincidencias seguidas contigo. Un abrazo.

La herida de Paris dijo...

Gordo nuestras coincidencias son, como esos temas que nos sorprenden en la radio o esa película arrebatadas a la TV en horarios inesperados, motivos de alegría. Celebremos, pues.

Abrazo