viernes, 7 de diciembre de 2007

La miel en tu ventana

("Estrelicia", Luis Alberto Spinetta)

No deja de tentarme en las mañanas
La miel que deja el sol en tu ventana.

El sol no sabe donde voy,
el sol no dice “yo te amo”.

No deja de tentarme en las mañanas
tanta luz…


Tentar, es intentar desviar. Lo contrario de la vocación, que es un llamado a conducirnos recto hacia nuestro propio destino. La vocación es una voz que busca la claridad, un grito que quiere vencer nuestra habilidad de “mejor sordo”. La tentación, en cambio, es súbdola, desliza su secreto en la oscuridad, susurra sus sugestiones en recónditos rincones de la conciencia. La vocación apunta a lo más alto del humano espíritu, mientras la tentación vaga por el pantano de los sentidos. Sin embargo, ambas tienen en común la insistencia. El Bien llama y el Mal tienta. Los dos son incansables en su labor, que se inicia cada mañana en todas las ventanas.

El hombre es un ser-histórico. Todo conocimiento, según Dilthey, para dejar de ser parcial, debe ser visto bajo una perspectiva histórica. Así, la vocación de ayer puede transformarse en la tentación de mañana. Sin duda el sol fue alguna vez vocación, llamado al hombre a salir de los dominios nocturnos de la luna. De aquel mundo aún impenetrable a la razón, donde la diosa blanca desplegaba sus rigores mágicos y sus sangrientas brujerías. La irrupción de las deidades solares fue el llamado que despertó al hombre de aquella pesadilla. Con su luz entraron en la historia las ciencias y aquella aventura presuntuosa del pensar, que se llamó filosofía. El imprudente Helios y el divino Apolo, el fenicio Baal y el persa Mitra, Horus con su cabeza de halcón y el impronunciable Huitzilopochtli americano. Desde el Invicto Sol con que Aureliano aterrorizó a Roma próxima a su ocaso, hasta el Febo cuyos rayos iluminaron el histórico convento. Todos ellos son los nombres de este llamado a vivir bajo el diáfano imperio de la luz y dejar atrás las tinieblas.

Pero un día, Dios habló y su voz llamó a silencio a todos los dioses. Si bien las deidades solares abrieron al hombre la posibilidad de conocer el Universo, y a pesar del espléndido ropaje de la mitología, pronto aparecieron las limitaciones que son comunes a los ídolos. El mutismo de sus pétreos rostros, la desierta soledad de sus templos, la frialdad glacial de sus altares. Finalmente, resonó la Palabra que había sido en un principio. Un Dios locuaz que dice: “Yo te amo”, y que “sabe a donde vas”. Un llamado personal de quien es el Autor de la luz. Y ante esta nueva realidad revelada, el sol devino en tentación. Una miel que amenaza con dejar pringados en su engañosa realidad a los desprevenidos que se acerquen. Se sabe, difícil será apagar el hambre con el dulce fruto de la colmena.

Ayer fue la posibilidad de vivir bajo la luminosa pero siempre estrecha luz de la Razón. Tentación de comprenderlo todo, encerrando lo infinito en un sistema provisto por una mente caduca. Una luz que despreciaba lo inevitable de esa sombra llamada Misterio, indispensable a cualquier comprensión.

Hoy, el símbolo de lo razonable se convierte en lo saludable. El sol se “toma” como un elixir energizante. Al llegar la primavera se le ofrecen en las plazas los cuerpos de un blancor indefenso, para que él imprima su signo. El nombre del demonio es Ozono. Tentación de huir hacia la despreocupación de una Naturaleza inocente, que desconozca nuestra íntima esencia y nuestro último destino.

Ser tentado, de todas formas, es condición del ser humano. Un existencial. No dejará jamás de tentar la miel que deja el sol en la ventana. Sin embargo, advierte el poeta, este camino tiene sus límites, y también se avizora aridez. El sol no dice “yo te amo”.

2 comentarios:

Eco's dijo...

q cancion tan simple y a la vez tan buena.. no me animo mucho a comentar en los otros posts, porque veo que conocen tanto de poesia que no podria aportar mucho. Tengo 18 años y conosco mucho del flaco, pero me cuesta encontrar el sentido de algunas canciones, igual que a todos supongo.. muy buena pagina nos vemos

La herida de Paris dijo...

Si conocés mucho del Flaco, conocés bastante de poesía.
Abrazo y bienvenido.