sábado, 20 de marzo de 2010

Carpaccio

En el universo de los nombres existen los parricidas. Aquellos que roban la fama a quienes los engendraron a la existencia nominal. Así sucede con el “carpaccio” que es, en el orden del reconocimiento, primero un plato típico de la comida italiana, y muy en segundo plano el fantástico pintor veneciano del Renacimiento. Basta recurrir a Google para corroborar cuánto la carne supera al artista.

Al parecer fue Cipriani el inventor del plato, destinado a una condesa anémica, clienta habitual del Harry’s Bar, ubicado bajo los pórticos de la Piazza San Marco. Satisfecha con la receta, la noble señora preguntó al mozo por el nombre del manjar. El profundo rojo de la carne cruda combinada con las finas escamas de queso parmesano le recordó a Harry la paleta del pintor de la cercana Scuola di San Giorgio degli Schiavoni. Inspirado, mandó al camarero con la lacónica respuesta: “carpaccio”. No se sabe si la señora curó su enfermedad, pero queda claro por qué Harry Cipriani construyó un imperio gastronómico.

El magnetismo de las pinturas de Vittore Carpaccio siempre me resultó arrollador. En ellas hay una tensa calma que late contrapuesta a la escena principal. Esta se desarrolla sobre sutiles fondos, abarrotados de detalles minúsculos, pero atractivos y nunca desprovistos de sentido. Este mundo, creación personalísima del artista, envuelve la obra con su silenciosa parsimonia. Su indiferencia inquieta porque denuncia que ese mundo transcurre insensible al particular drama humano que el cuadro representa.

De todas las obras del Carpaccio, mi preferida, por razones más afectivas que estrictamente pictóricas, es la “Visione di Sant’Agostino”. En ella se representa al santo en el momento en que recibe una premonición de la muerte de San Jerónimo. Resulta curioso que la pintura esté dentro de una serie encargada para recordar a este último, ausente en la tela. Una vez más el pintor nos traslada fuera de la obra y elige representar, no a la persona, sino el efecto que esta produce en los demás. Quizás el modo mas verdadero de que hablen de uno.


San Agustín y san Jerónimo intercambiaron una intensa comunicación epistolar y ambos se apoyaban en sus dudas. Eran años aquellos donde la exégesis y la teología se hacían a campo traviesa, sin referencias exteriores demasiado visibles. San Agustín sostiene en el aire la pluma y suspende su escritura. La noticia de la muerte de San Jerónimo lo ha dejado más solo en su tarea, aunque siempre cuenta con el auxilio de la Luz que llega desde la ventana. Esta es la íntima historia que se cuenta.


Sin embargo, una vez más aparece la prodigiosa mano del artista para retratar el mundo circundante. La perspectiva es central, pero la figura está ubicada en un costado y libera el amplio ambiente donde predomina el vacío. Una asimetría sugestiva y arriesgada para el 1502, año en que está fechada la obra. Los elementos finamente iluminados representan un espacio mental y también existencial. La mitra y el báculo apoyados con descuido hablan de actividades realizadas con afán; los rollos prolijamente apilados de una memoria que se muestra en acto con los libros abiertos sobre la mesa y el piso; el globo y el astrolabio al fondo denuncian una preocupación por la ciencia. Es verdad que el San Agustín que de allí emerge se parece más a Piccolo della Mirandola que a sí mismo, pero a quién importa eso.

Sólo el pequeño perro, de una raza más apropiada a una vedette que a un santo, parece comprender lo que en verdad sucede. La sorpresa con que mira al santo nos hace pensar en que esa detención lleva un tiempo prolongado. La calma tensión de una escena que sólo un perro parece capaz de percibir.

En cuanto al carpaccio comestible, siempre me resultó pesado. Si de comer carne cruda se trata, prefiero a su hermana magra: la bresaola.

12 comentarios:

La condesa sangrienta dijo...

Me gustan los pequeños detalles y este cuadro es un festín para mis ojos.
Beso y buen fin de semana!

angie angelina dijo...

La comida carpaccio debe ser muy rica por cómo la describís, no la conozco.
El perrito también me dio sensación de soledad. San Agustín y su perro son los unicos dos seres vivos de la pintura.
Y me gustó sobre todo, la frase de manufactura "heridense" de que la forma de conocer a una persona es conocer cómo hablan de ella sus amigos.
Saludos
Buen domingo!

La herida de Paris dijo...

Condesa me alegro de haber aportado a su festín con mi receta de carpaccio.

Angie hay quien dice que si uno quiere dar sensación de soledad, agregar un perro siempre funciona.
Se ve que Vittore sabía ese truco.

Saludos

Magda dijo...

Ya cercana la hora del almuerzo me ha entrado hambre furibunda con tus descripciones. No sabía el origen de este plato que degusté por primera vez en Burdeos,Francia, (con sus imprescindibles virutas de parmesano) al igual que el filete tártaro, carne cruda picada con una yema de huevo.

Hace años le pregunté a la profesora de Historia, en una charla sobre la Revolución Francesa y al mencionar ella algún plato que salió de la época, si sabía como se cocinaba la langosta thermidor (mes número 11 del calendario revolucionario) peron no supe darme contestación.

Desconozco del todo la bresaola, ¿la podrás describir por favor?

La herida de Paris dijo...

Magda, no se mucho de pintura, pero menos aun de cocina.
De todos modos en mis años romanos me convertí en un fanático de la bresaola, que es también carne cruda pero cortada fina como jamón. Exquisita, probala sobre todo acompañada con ensalada de "rughetta e parmigiano" y mucho limón.
Acá en Buenos Aires se consigue, pero es mas cara que el caviar.
Saludos

Estrella dijo...

Me quedo un rato mirando la pintura: voy del texto al perro, del texto al santo... y así.

Y hablando de perros, ayer vimos en casa una película con Richard Gere y un perro; pasaban los minutos e íbamos diciendo: qué mala es esta película, pero terminamos todos con un nudo en la garganata, porque la cara del perro lo decía todo.

Buena semana, opi!

La herida de Paris dijo...

Bueno, hay mucha gente que dice que Richard Gere es un perro actuando.

Saludos

Carlos G. dijo...

El hecho de que la historia haya comenzado con una condesa anémica y el primer comentario provenga de una condesa sangrienta no sé cómo interpretarlo(?). :)

Muy bueno el post.

La herida de Paris dijo...

Se puede interpretar que la nobleza es solidaria, una aporta lo que a la otra le falta.
Saludos.

Rob K dijo...

Disfruté cada palabra de su "Carpaccio".

Amén de celebrar su luminosa ironía ("...en cuánto la carne supera al artista"), su sensible descripción y puesta en contexto de la obra hacen que me vaya menos ignorante y más feliz de lo que entré.

La herida de Paris dijo...

Menos ignorancia y mas felicidad, he ahi un lema para la vida. Me alegro de haberte aportado algo en ese sentido, aunque sea mínimo.

Saludos.

angie angelina dijo...

Estrella: Seguramente el perro era mejor actor que richard gere, como en esa propaganda de la tarjeta de credito del banco hipotecario que el gato gris se roba cámara con su primer plano.
Saludos