lunes, 19 de noviembre de 2007

Dos murciélagos

("Para los árboles", Luis Alberto Spinetta)

-“Yo no escribo
no soy un hombre
pero en mi bruma
conozco muy bien la inmensidad
son mis ramas
mis aguas
mis antepasados
¡Y qué feliz la verdad de este sueño fugaz”!

-“Yo te digo
que te escucho cuando me hablás
la distancia es tan grande que no sirve mirar
Sólo sentir las estrellas y saber que se mueven...
¡Y que feliz la verdad de este sueño fugaz!”

-“La vida
como un carillón
que se enciende una nueva vez...”

-“Sólo en la canción tendrás
un espejo en vano,
abierto sobre un cuerpo rosa
que se entrega en su destino”

-“En la vida siempre será
el corazón de amor
hasta el amanecer
sólo sentir las estrellas
y saber que se mueven
¡Y qué feliz la verdad de este mundo ideal!
¡Qué feliz la verdad de este sueño fugaz!”

-“Yo vivo pidiéndote que vuele más alto
y los halcones te esperan
junto al despertar
ya no hay amparo
ni sombras
ni soles
ni un tiempo alcanzado...”.



Titular es una oportunidad de ampliar el campo semántico de lo titulado. Hay veces, sin embargo, que es imposible evadirse de una solución automática. Aunque el artista titule de una forma, el público hará caso omiso de su sugerencia. La unión entre texto y título es a veces indestructible. El título puede iluminar, en ocasiones, algún aspecto que se quiere resaltar u oponerse a lo expresado de manera de crear un campo de tensión. También se puede callar, como hacían los artistas de vanguardia que nombraban sus obras con fríos números, como alguien que no tiene nada más que decir, solo lo que ya ha dicho. Nombrar algo es de alguna manera completar lo creado, dibujarle un destino, encomendarle una misión. “Se llamará Emanuel”, dice el Ángel, “Tú eres Pedro...”, dice el Señor.

En este caso, el título es llave, clave que permite la comprensión de lo dicho, y que insita a la interpretación por la ausencia de lo referido. ¿Dónde están los dos murciélagos? La pregunta irrumpe espontánea en una primera lectura. Como en una fábula, uno de los murciélagos es quien habla en primera persona (el poeta) y el otro componente del par enunciado, es quien escucha (nosotros, quizás). Es un diálogo, por que son “dos” los personajes señalados, pero solo la voz de uno se escuchará. Se supone que el restante absorbe su discurso en un silencio reflexivo. Un diálogo íntimo en donde quien habla se define a sí mismo desde su misma esencia, la de ser murciélago.

Pocos bichos resultan más repelentes que esta rata volante y ciega tan inofensiva y benéfica como repugnante. Un objeto a priori indócil a la poesía, si lo pensamos desde su forma. Lejos estamos aquí de la encarnación de un murciélago ético, al estilo Batman, que toma del animal alguna de sus cualidades físicas y sobre todo su halo de nocturnidad. El aquí propuesto no tiene rastros de su parecer desagradable, ni de superhéroe, sino que su elección tiene que ver con su particular modo de conocer. Un murciélago epistemológico, que acepta, sin demasiadas quejas, las imperfecciones que le impone su sistema cognoscente. Un conocer consciente de los límites de su pensar. Un murciélago kantiano.

El murciélago-poeta se presenta con dos negaciones: ni escribe, ni es un hombre. Es decir no es un hombre, si por hombre se entiende un ser exclusivamente racional. La especulación teórica no es su campo, la abstracción no es su método. Su conocer se aplica más a su ámbito vital, a ese mundo acotado que lo rodea y que le pertenece: “sus aguas”, “sus ramas”. Y también su origen, que se expresa en la seguridad que otorga el saber su proveniencia, “sus antepasados”. Frente a estas relaciones próximas se abre un universo cuya inmensidad conoce, pero cuya dimensión es tal que lo hace de algún modo incomprensible, al punto que “no sirve mirar”. Una ignorancia que no inquieta del todo, pues “el sentir las estrellas y saber que se mueven” habla de que alguien gobierna esa inmensidad inalcanzable a su defectuoso entendimiento.

Esta es la situación del murciélago, que acepta sus brumas sin rencores. La vida que se enciende cada día, a pesar de su fugacidad, aparece ineludiblemente dichosa. Esta es su realidad y esto es lo que le es dado conocer. Esto es, en definitiva, lo que dice la escueta monografía de su condición, que es también la nuestra. Pero esto no es todo. Al poeta se le exige más que una simple exposición sobre el estado de las cosas. El momento de las declaraciones deja paso a los pedidos. El enunciado a la voluntad.

”Yo les pido”. Un esfuerzo para que compartamos su visión, que no proviene de la luz de sus inertes ojos, sino que su corazón intuye. Esta es su verdad, que no necesita de la razón para ser aceptada, sino que pide el auxilio indispensable de la fe. Al rastrero murciélago le espera un destino de halcón; a las brumas le siguen las claridades de las límpidas alturas; a las tenues seguridades de hoy, una libertad que no necesita de frágiles amparos; a la fugacidad de la existencia, el tiempo que una vez alcanzado muere para ganar la eternidad. El sueño del halcón merece ser soñado, y entonces sí será “feliz la verdad de este sueño fugaz!”, porque existe también la “verdad de este mundo ideal”.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

esta con el lenguaje del cielo,son dos de las canciones que me mueven de para los arboles.Spinetta en el libro martropia habla de la trasmutacion.Esto es cambiar de esencia un elemento para convertirlo en otro.Bueno el dice que hace esto con los animales de los que escribe,es decir les hace decir y hacer cosas de humanos,para mostrar cuanto hay de humano en los animales y cuanto hay de animales en los humanos.Y que cuando el hombre los observa pierde la autocritica porque en realidad siempre fue un animal.Dos murcielagos es un claro ejemplo.Otra cosa que me parece crucial es que para el murcielago escribir es como la inmensidad,aunque en realidad no el no lo ejecute.Eso lo resume todo,hasta el ser mas raro puede conocer y entender lo que es esa inmensidad...La comunicacion,
escribir.

Me parecen analisis muy acertados sobre algunas canciones.Me gustaria que revisaras Alma de Diamante o ella tambien...Yo lo hice,quisiera saber tu opinion sobre los temas que se tratan ahi.Y todo con respecto a la alquimia spinetteana.

un gran abrazo
pd: soy el mismo que firmo la pelicana y el androide

La herida de Paris dijo...

Gracias por el aporte. Cuando salió "Para los árboles" estaba justo leyendo Kant y por eso la canción me sugirió un costado espistmológico. Los límites del conocimiento. Aclaro siempre que no pretendo interpretar, si no solamente pensar a partir de la poesía. Desde ya hay innumerables lecturas posibles, y entre ellas la de Spinetta mismo por supuesto (y la tuya también). En cuanto a las canciones sobre las que me sugerís pensar, ya les llegará su hora supongo, aunque depende todo de un hecho fortuito. Me resulta dificil escribir sobre un argumento determinado de antemano, por que enseguida aparece una solemnidad que arruina todo. Estoy pensando algo sobre Bajo Belgrano, por que las noticias que vienen de Paris y los autos quemados me hicieron pensar en una línea de esa canción ("entre camionetas quemadas".). además de una nota al arq. Solsona que dijo que "le aburría Belgrano". En fin asi funciona para mi, veremos que sale. Abrazo y gracias de nuevo por la participación. Abrazo

Scaletric dijo...

Hace un tiempo, lejano, le dediqué a una ex novia (la cual, desalmada, me engañó miserablemente): "dos murciélagos".
Recuerdo, un día, mientras haciamos el amor, escuchar la canción hasta el hartazgo por el repeat incansable del aparato reproductor. Hoy, igualmente, a casi tres años, la oigo en mi pc y me acuerdo de ella, siempre.

Fede

La Herida de Paris dijo...

"Sólo en la canción tendrás, un espejo vano". Supongo que los recuerdos son como espejos en donde uno se mira después de un tiempo. Vanos no por inútiles, sino por que tanto las imágenes como los recuerdos no tiene el espesor de lo real.
Estuve dándome una vuelta por tu blog, muy bueno de verdad. El rock es un buen lugar para pensar. Abrazo y gracias por la visita.

Carlos G.P. dijo...

Tal vez ese firmamento nocturno que nos invita a sumergirnos en él, en el que las estrellas parecen nacer con nuestra sola mirada, no sea más que un espejo de nuestro interior. Tal vez cada estrella represente un don, un potencial, que espera ser descubierto por nosotros…
Te invito a visitar mi blog:
www.ladanzadelavida12.blogspot.com
Felices encuentros
Carlos

La herida de Paris dijo...

Tu comentario me recuerda la famosa sentencia de Kant, estrella invtitada de este post que tu comentario me hizo releer: "el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí".

Saludos.

matias dijo...

Ante todo, me parece muy interesante la interpretacion del texto spinetteano y agradezco su publicación. Sin embargo quiero aportar mi desacuerdo en lo que a la ultima estrofa se refiere.
Me parece al halcon lo elige el flaco por ser el opuesto al murcielago en cuanto a vista se refiere, pero ademas es un predador de este. Es decir los halcones no vuelan junto a los murcielagos sino que se los morfan.
Yo te pido que vueles mas alto y mas alto estan los halcones esperando para ingerirte. Si bien habria un despertar en la muerte, esta es el fin del actual estado del ser. Ya no hay amparo, ni sombras, ni soles, ni un tiempo alcanzado.
Me parece que se toca el tema de la no conciencia de muerte en los animales y de la felicidad o plenitud que eso supone. Y no es que sea felicidad subsidiaria de la ignorancia solamente, claramente apunta: que feliz la VERDAD de este sueño fugaz (la vida).
Bueno el tema da para mucho y no quiero aburrir, gracias por el espacio.

La herida de Paris dijo...

Gracias matías, no tenía idea de que los halcones comían murciélagos, no se nada de zoología. Muy bueno tu aporte.
Saludos