domingo, 25 de noviembre de 2007

Quedándote o yéndote

("Kamikaze", Luis Alberto Spinetta)

Y deberás plantar
y ver así a la flor nacer
y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida
y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reír y llorar
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
de tí saldrá la luz
tan sólo así serás feliz
y deberás luchar
si quieres descubrir la fe
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
este agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por tí
por mí...
y esto será siempre así
quedándote o yéndote.



El bautismo es uno de los siete sacramentos de la Iglesia Católica. En orden, el primero. La puerta que abre el universo de la vida cristiana. Lo que convierte nuestra existencia en una historia de amor con Dios, según las palabras de Juan Pablo II. Una posibilidad que queda a nuestro alcance con solo quererlo y que solo nosotros podemos malograr, con la única excusa de esa torpeza proverbial llamada pecado.

Tiene además una vieja historia que se conecta con las religiones más antiguas de la humanidad. Y también con los nuevos cultos. Siempre el hombre sintió la necesidad de lavarse antes de entrar en contacto con la divinidad. Una limpieza exterior que se relaciona, con simpleza, con la realidad interior. Rituales purificatorios que cabalgan la historia: las abluciones del sacerdote pagano, la inmersión en el sagrado Ganges, las prolijas limpiezas del fariseo, el llamado del postrer profeta a orillas del Jordán, y hasta la vulgar “pelopincho” en el círculo central del Monumental que sumerge Testigos de Jehová arengados por pastores de traje gris y castellano de sonido lusitano. Toda fe exige pulcritud, al menos al inicio.

Sin embargo, a pesar de las conexiones hay algo que distingue esencialmente el bautismo cristiano de cualquier otra de estas otras prácticas purificatorias. Su carácter definitivo. Su ser indeleble, que queda señalado con énfasis en el título y cierra la poesía, declarando, con su hermetismo circular, lo invariable. El amor de Dios está ya ganado, más allá de lo que hagamos. Nuestra condición filial es indestructible, incluso inmune a nosotros mismos. Somos hijos, aun a pesar nuestro.

Pero más allá de este destino inmodificable, instalados en esta categoría que no cambiará, aún nos queda existir. El bautismo inicia una relación y, por lo tanto, es el comienzo de una tarea, una construcción que impone ciertos deberes. Aquí se propone una lista de cinco: plantar, crear, amar, crecer y luchar. Todas ellas acciones positivas, porque emanan de la Gracia sacramental. Así, la vida que se nutre del bautismo solo puede ser luminosa. La relación con Dios genera el Bien en forma ineludible.

Además, como todos los restantes sacramentos, el bautismo tiene un signo sensible de esta Presencia, el agua, que por licencia poética en este caso es presentada en una de sus formas, la lluvia. Es un agua celestial. Esta tiene una particularidad específica, que es lavar las heridas del alma, y borrar la maldad, ambas figuras del pecado. Un agua que tiene algo más que cualquier otra, un “plus” de poder que vive escondido en su interior. Lleva en sí la fuerza del fuego. No solo limpia, además quema. Purifica.

Se trata, en definitiva, de asumir esta condición. Ser hijo, porque, asegura el poeta, tan solo así serás feliz.

Y esto será siempre así, quedándote o yéndote.

5 comentarios:

Lucas dijo...

¿Se habrá imaginado el Flaco que una canción suya provocaría una reflexión sacramental? Dificulto. A mi me gustó tanto, la canción y la reflexión, que hasta llegó a formar parte del tríptico del bautismo de Luisa.

Richard dijo...

Creo que Spinetta lo hace desde un punto de vista más budista que cristiano porque habla de que la luz viene de uno no que le llega a uno de Dios, como los cristianos profesan.

El agua sí es un elemento que se usa desde hace millones de años por todas las creencias que desde luego en su panteísmo que es común que se desarrolle en cualquier creencia en el mundo es digamos un estado primigenio de creencia el simbolismo de lavar las heridas engloba más poética que dogma.

Es interesante como desde diferentes puntos de vista una canción puede ser tomada y valorada.

Lo que queda en sumo es que Quedándote o Yéndote, es preciosa sea vista por creyentes o no creyentes.

Gracias Flaco por tanta belleza que creas.

La herida de Paris dijo...

Richard, coincido en que lo "interesante es como desde diferentes puntos de vista una canción puede ser tomada y valorada". Yo la valoro desde mi fe, que es lo que tengo, pero seguramente otros lo harán desde otro lugar y seguramente ninguna lo hará desde donde lo hizo su autor. Lo que hace grande a un artista, creo, es lo que su obra genera en los demás, las posibilidades de lecturas que ofrece. Un abrazo y bienvenido.

Cocodrilo dijo...

A mi me gusta darle mayor importancia al juego de palabras... "Y de veras amar" en lugar de "deberás".

Más que un mandato, un consejo para ser feliz. Una invitación a crear, a amar, pero hacerlo en plenitud.

Anónimo dijo...

Me estoy divirtiendo mucho con tu Blog , lo de "porque se esconde Elvis?" que pusiste en "cuando vuelva del cielo" es una genialidad , que te voy a robar cuantas veces pueda ...

Sobre quedandote o yendote , no lo habia pensado tan directamente como un rito bautismal , aunque si como un HIMNO nuevo para una nonata "PATRIA" nueva ...Una especie de bitacora de quehaceres , para los que "quedandonos o yendonos" queremos darnos un lugar en el mundo.

Claudio.