viernes, 19 de octubre de 2007

Gracias Lole

Estoy indignado. Y este es un sentimiento que creo es saludable compartir con alguien, lo comparta o no. Confieso que yo también tenía mis esperanzas en la candidatura del Lole. Pensaba que era una posibilidad de librarse de un nuevo "sultanato". Un renacer, más honesto, con alguna gente nueva, sin pasar necesariamente por la anarquía. En fin no pudo ser... Seguramente el prudente Lole no quiso ser manipuleado por las maquinaciones de "Tachuela" e ir contra el “Turco”, quien fuera su mentor político. Los peronistas perdonan casi todo, menos las deslealtades. Esto se parece cada vez más a un capítulo de “Pokemón”. Los malos son decididamente muy malos y no se entiende un carajo.
De todas maneras no es esta la causa de mi señalada indignación. Mi bronca no proviene del desencanto. No se le puede obligar a nadie a hacer algo contra su voluntad. Y menos ser presidente, función que reclama mucha convicción. Mi calentura se dirige hacia esas personas que permanecieron en silencio tantos años, y que ahora resurgen para referirse con desprecio a lo que fue la carrera deportiva del Lole. Comentarios como, "y que querés siempre fue cagón", "Nunca se pegó una piña", "Eterno segundo", y otros de ese calibre, sinceramente me rebelan. Sobretodo si tenemos en cuenta cuántos "grandes" campeones del automovilismo nacional lo sucedieron en la F1: Popy Larrauri, Mazzacane, Tuerito y el colorado Zunino. Nombres que ya nadie recuerda.
País ingrato este, y quizás en eso radique parte de sus desgracias. Yo no puedo ni quiero olvidarme los madrugones para seguir por TV, rigurosamente en blanco y negro, al Lole desde los más lejanos autódromos del orbe. El llanto del relator de canal 7 cuando se venía la bandera a cuadros y ningún genio maligno podía arrebatarle la victoria. Las lecturas de la revista "Corsa", cuyo contenido resultó para mí siempre impenetrable. Palabras que, leídas por alguien a quien la mecánica siempre le pareció una ciencia oculta, evocaban metáforas de la naturaleza: “árbol del hebas”, “cigüeñal”, o bien insinuaciones algo eróticas, para aquellos años de censura, como las “polleritas”. Una ninfa con polleritas que corre por un bosque de árboles del hebas, perseguida por una bandada de cigüeñales... En fin, cómo no recordar ese artículo de la revista “Época”, que mi abuelo recibía semanalmente desde Italia, titulado "Il gringo sul cavallino" y que celebraba la entrada de nuestra estrella en la casa de “Maranello”. Y qué decir de un Boca/River que se jugó de mañana, ya que por la tarde corría el Lole para ganar un campeonato que las oscuras maquinaciones que ese tullido maldito de Frank Williams le negó.

El recuerdo de la ingratitud de aquellos años quizás fue lo que en definitiva decidió su destino, y el nuestro. ¿Cómo ser presidente de un pueblo que al primer traspié le recordaría cómo se quedó sin nafta a metros de la llegada? Yo lo banco ahora, como entonces. Le agradezco que haya despertado en mí un pasión por un deporte que ahora me produce un aburrimiento insoportable. Una súbita pasión fierrera, que tuvo su nombre, y que desapareció sin dejar rastros, en el mismo momento en que él abandonara las pistas para siempre. Mi secreta esperanza era que hiciera renacer en todos la pasión por la patria. No será así, al menos por ahora.


(Buenos Aires, julio de 2002)

2 comentarios:

Nacho dijo...

Muy bueno Opi, me hacés reír mucho cuando te lo proponés. Nacho

La herida de Paris dijo...

En realidad cuando lo escribí, quise ser trágico. Eran dias difíciles. De todas maneras la risa es siempre saludable. Me alegro de haberla provocado.