lunes, 15 de octubre de 2007

San Agustín y la inquietud

Sobre la inquietud

Veo que te pegó el tema de la inquietud y eso me mueve a llevar mis reflexiones un poco más allá, y a compartirlas, con tu permiso y tu paciencia. Me pongo el traje de padrino (no de la mafia) y voy...


Es imposible al pensar en la inquietud no recordar la frase de mi santo predilecto, Agustín de Tagaste, que selló para siempre el problema de la inquietud: "Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti". ¿Cuál es la inquietud a la que se refiere Agustín? Una que se opone a la quietud que gobierna al monje oriental o la impasibilidad del estoico, que él bien conocía. La quietud que funciona como evasión de la realidad. La indecisión maniquea que paraliza y que hace que la vida se escape. Nietzsche mal entendió en este sentido el cristianismo, y por eso lo llamó: "platonismo para el pueblo". Error de apreciación imperdonable, propio del que habla de algo que no sospecha. Víctima de la teología luterana, que todo quiso razonar, ahogando la Fe en los vericuetos de la razón. Nada más basta asomarse a los escritos de Agustín para advertir cuánto fuego habita en ellos. Cuánta viva pasión, en sus terribles embates contra el quietismo pagano de su tiempo. Una violencia a veces inaudita, si es que no se recuerda que esta dirigida también y sobre todo contra él mismo. Agustín pelea esa batalla en el campo de su propio espíritu. Y por qué no, en el de su propia carne. Es un combate contra él mismo, contra el griego que aún habita en él. Que habitó en él, iluminado con el esplendor de una inteligencia brillante. La Fe impone matar al griego. Matarlo para que viva. Agustín no vive como el Aquinate, protegido por el colchón de mil años que lo separan de la Antigüedad. En Agustín todo ocurre ahí y ahora. Su destrucción de la Antigüedad es autodestrucción. El griego es él mismo. Tarea ciclópea, destruir, y de lo destruido crear de nuevo. En esta carga tremenda contra sí mismo, Agustín se parece a Pablo. Uno contra el griego el otro contra el judío. Los dos contra ellos mismos. Sin exclusión de golpes. Por eso para Agustín, Pablo es el Apóstol sin más, tan próximo se encuentra en su cruzada. Animados por el mismo fuego de renovarlo todo sin que nada se pierda. La inquietud que Agustín propone como parte insoslayable de la vida cristiana se resuelve en el descanso, quieto, de una Fe que se apoya en la persona de Jesús. "No os inquietéis. Creed en Dios y creed también en mí". Es la calma de la Fe, que no exige razones y que tiene como garantía solo Su palabra. Cualquier razón iría en desmedro de esa garantía. ¿O acaso no hemos experimentado cómo debilitan al amor, las razones? Inquietos por la razón, quietos por la Fe. Siempre vivos en el Amor. Amén.


(Buenos Aires, mayo de 2002)

1 comentario:

Juan Uliarte dijo...

Genial , creo que todos en algún momento nos tenemos que sentir así , va si es que queremos entender un poco más .