domingo, 14 de octubre de 2007

Todas las hojas son del viento

(“Artaud”, Luis Alberto Spinetta)

Cuida bien al niño,
cuida bien su mente.
Dale el sol de enero,
dale un vientre blanco,
dale tibia leche de tu cuerpo.

Todas las hojas son del viento
ya que él las mueve hasta en la muerte.
Todas las hojas son del viento
menos la luz del sol.

Hoy que un hijo hiciste
cambia ya tu mente,
cuídalo de drogas,
nunca lo reprimas,
dale el áurea misma de tu sexo.



Frente a un acontecimiento caben dos posibilidades de reflexión, que podríamos definir con tosquedad: ética y metafísica. La ética se ocupa esencialmente del comportamiento humano frente a un hecho. La metafísica indaga lo que ese hecho “es”, para comprenderlo, a priori de toda actitud. Una pone el acento en lo que las cosas son, y la otra en cómo comportarse ante el milagro de que las cosas sean. Un problema de precedencias ontológicas. Como diría Heidegger, el que son y el qué son. Esa mínima diferencia infinitesimal de un acento, que abre un abismo

Desde los imperecederos consejos que recibiera el joven Nicómaco, pasando por las cartas que Séneca dirigiera a Lucilio, la antigüedad esta repleta de manuales de buen comportamiento. La ética fue una disciplina nacida de la amistad, a veces poco santa, entre discípulo y maestro. Su forma y su modo se encuentran lejos del ropaje impersonal que viste en nuestro días. De las sentencias a lo Barylko, aplaudidas por Neustadt. El espíritu antiguo es el que permanece en la poesía que nos ocupa. El poeta se dirige a una persona concreta, la madre, con la voz del maestro que guía a quien ingresa en uno de los misterios centrales del vivir. La vida misma que irrumpe. Frente a ella, dos acciones esenciales: el dar y el cuidar. Cuatro resultan ser las cosas que esta madre debe dar al niño: calor-afecto (sol ardiente de enero, válido para estas latitudes), techo-protección (vientre), comida-sustento (leche materna), y una última, bastante compleja, expresada separada de las anteriores, consistente en algo que resuena como la propia intimidad de una madre. Su ser mujer. Como se trata de poesía y no de la declaración de los derechos del niño, las cuatro se presentan en imágenes sugestivas, relacionadas con la niñez, quizás indicando la importancia de los primeros años en el desarrollo de la personalidad.
La otra acción que complementa el dar, es el cuidar, que también se expresa en cuatro tiempos. Uno en sentido general (al niño), un par referidos a la “mente” y al cuerpo (drogas), y un último que es un cuidado al modo de ejercitar el cuidado (nunca lo reprimas). De estos ocho consejos, repartidos simétricamente, se desprende la necesidad del equilibrio que toda vida requiere, entre el dar y el cuidar. Es fácil imaginar los peligros que acechan a una personalidad construida sobre una sola de estas acciones. Para volar hacia delante, y no en círculos, se necesita el perfecto desplegarse de ambas alas.

Toda ética esconde, o más bien revela, una metafísica. Detrás de ese comportarse, hay un esbozo de lo que la vida es. Hay aquí una intuición de que el misterio de la vida excede el ámbito de lo humano. La idea de que alguna fuerza (viento) invisible pero eficaz mueve a voluntad las hojas, incluso, y sobretodo, en la horas más cruciales, como en la muerte. La vida material, que merece afecto y cuidado, es una entidad “movida” por algo que habita fuera de ella. Algo que permanece ajeno a ella misma: la luz, única cosa que el viento no mueve.

La ética del cuidado y del dar debe hacer las cuentas con esta verdad y, más aún, debe nutrirse de ella. De aquí en más caben todas las apreciaciones: Motores inmóviles, Big banes, Monos parlantes. El Caso y el Kaos. El Agua, la Tierra, el Aire, el Fuego. Incluso las verdades que la Fe nos enseña: la Vida es un regalo de un Dios que nos ama, para amar y cuidar. Amén.

4 comentarios:

emeygriega dijo...

Divino análisis que a LAS le encantaría leer. Lo hizo?

La herida de Paris dijo...

No se si le gustaría, pero estoy seguro que no lo hizo.
Saludos

José Ramiro dijo...

que buena tu interpretación
también pense, en lo impercedero de la vida con etica

La herida de Paris dijo...

José gracias por tu comentario y por lo que también pensaste. La misteriosa conexión entre ética y eternidad. Nuestras acciones realizadas en el tiempo tienen resonancias mas allá de él.

Saludos.