(“Los niños que escriben en el cielo”, Luis Alberto Spinetta)
Estás perdiendo el tiempo
pensando, pensando,
y estás fuera de la vida
jugando y perdiendo.
Comes tu conciencia
manzano en la nada
y qué dirán las sombras
de todo tu regreso.
Tu ser sin querer se abrirá de la luz,
se irá sin saber que lo amaban...
Deambulan los perros
en busca de agua
y como pasa el tiempo
sin fuego, sin fuego
Ángel de los pobres,
pequeña armonía,
algo tiene un ensueño
en este insomnio.
Tu ser sin querer se abrirá de la luz,
se irá sin saber que lo amaban...
Ya dejaste tu día
buscando las moras,
hablando de los niños
que escriben en el cielo.
Apocalypse
de aire, de aire,
termina todo ese oro
en tus bolsillos.
Perdido en el mundo tu ser te dolerá al fin,
ombligo de piedra marcado.
No te busques más
en el umbral
para que sepan la forma de tu alma
y que siga la melodía.
Intro
Recojo el guante. No podrán decir que huyo ante los desafíos. Y este es de los difíciles: cruzar el "umbral". Si te parecieron ingeniosas mis reflexiones sobre Paris, corro riesgo de quedar ahora como un gil. O lo que es peor, como un pedante, que todo pretende interpretar, que se esfuerza por parecer inteligente, o, lo que es más triste, culto. En fin, pensar es una aventura, exponerse al escarnio del interlocutor, a la risa del público. Temo el filo de la afilada hacha de tu crítica mordaz. ¡Valor! Lo que ocurre es que justamente el Flaco acá se me puso metafísico. Me falta el auxilio de la Historia, la ayuda de los griegos, que sirven para todo, que ennoblecen los pensamientos más pedestres. Si no, que lo diga Grondona, que después de entrevistar a Silvia Süller, te mete una cita de Empédocles y rescata su imagen profesoral. Basta de rodeos, propios de un escolar que no se sabe la lección. Allá vamos, y como dice el Dante (primera irritante cita erudita) "Alza las velas pequeña nave de mi ingenio", que tiempo es lo que sobra, gracias a las ingeniosas medidas de nuestros geniales economistas, que nos impulsan al ocio (¿creativo?).
El umbral
Lo primero que llama la atención es el título de la canción, considerado en extenso. Si bien es conocida como "Umbral", se llama "No te busques ya en el umbral (umbral)”. Igual que Manon Lescaut, que en realidad es " Historia del Caballero Des Grieux y Manon Lescaut" y que todos conocen simplemente por “Manon”. Imposible considerar que esta extrañeza no tenga un profundo sentido, ya que en la exégesis spinettiana, nada es producto del azar. Como en un texto sagrado es necesario descubrir el significado de cada palabra. Propugno, sin dilaciones, la publicación de las letras del Flaco en papel biblia. Quiero sentir entre los dedos el fino papel, que el texto, a través del tacto, imponga el respeto de las cosas sagradas.
Vayamos al asunto. La repetición de la palabra umbral, sumada al paréntesis, señala con toda seguridad que aquí se encuentra la llave de toda la canción. Umbral. El sutil límite que divide la casa del jardín, el adentro del afuera, el interior del exterior, lo público de lo privado, el Paraíso de la Tierra. El umbral es un no lugar, una línea que define dos espacios. Nada es igual dentro o fuera del umbral. Umbrales, físicos, culturales, psicológicos, morales. Universo del umbral. O mejor, como diría, Ortega: multiverso. A todos esos hace referencia la letra. A todos y a ninguno en particular. Al hecho de que existan y a cómo actúan sobre alguien indeterminado. A vos, a mí, e él, a nosotros, a ellos. La experiencia de quedar fuera. Fuera de la vida, del Amor, de la Luz, de Dios, si queremos leerlo en clave mística. O del Primer Mundo, si le buscamos el perfil político. ¿Por qué no? La lectura queda abierta para que cada uno cargue la historia que quiera. ¿Quién acaso nunca tuvo la experiencia del "umbral"? ¿Quién nunca se quedó fuera, "jugando y perdiendo"? "El que este libre de pecado que arroje la primera piedra".
El hijo pródigo
A mí, para no esquivarle el bulto a alguna referencia más encarnada, esta letra siempre me hizo pensar en la parábola del hijo pródigo. El umbral de la casa del Padre, el umbral del Amor del Padre. El pecado. Desde allí afuera observa lo que dejó, evalúa lo que se perdió, se "come" la conciencia. Piensa en los que quedaron del otro lado, en la casa. Cómo juzgarán la decisión de cruzar. Quizás con dureza, o con envidia. "Qué dirán las sombras" sobre tu regreso. Mientras "deambulan los perros" y el tiempo pasa inútil "sin fuego, sin fuego", sin Amor. Un tiempo de "ensueño" y de "insomnio". El recuerdo de lo que se perdió por buscar "las moras" del placer. Habitar el pecado, en el pecado. El dolor de estar "perdido en el mundo" (¿Habrá el Flaco leído a Heidegger?). Decepcionado de sus promesas, moras que resultaron amargas. El dolor de ser sin Ser, fuera del Ser.
Terminar, pues, el "oro de los bolsillos" y volver, cruzar de nuevo el umbral. Observándolo no encontrarás jamás la "forma de tu alma". El umbral existe para ser cruzado, no observado. No te busques más ahí. ¡Cruza! Y que siga la melodía.
jueves, 11 de octubre de 2007
No te busques ya en el umbral
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4 comentarios:
Cuando empece a leer tu interpretación, me pareció que ibas a decir algo distinto a lo que pienso yo, porque empezaste inseguro y a la defensiva de las criticas.
Me parece muy buena tu manera de interpretar la poesía, lo comparto. Y dudo poco que Spinetta haya querido decir otra cosa.
Te mando un abrazo, ese abrazo de alegria por saber que hay gente que quiere interpretar cosas interesantes, o cosas de las cuales se hablan poco.
Yo estuve en el umbral y estoy de vez en cuando.
El flaco te ayuda a salir de allí a veces..
Perdon, soy facundo de Buenos Aires
facundo, gracias.
Esto lo escribí hace mas de 10 años, cundo los blogs ni siquieran existían y era una respuesta a alguien concreto, precisamente a mi hermano el Gordo. Por eso de entrada ese tiene ese tono "defensivo" por que era parte de una discución eterna.
Alcaración hecha me alegro que hayas cruzado en "umbral" muchas veces, y espero que siempre haya sido para encontrar una vida mas plena.
Saludos.
Siempre es para una vida mas plena, y solo para seguir escuchando la melodía y hacersela escuchar a los que me quieren.
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